VII Bra en la Guerra Marruecos

ANTECEDENTES: LA VII Y VIII EN LA 2ª LEGION

GUERRA DE MARRUECOS. GENERALIDADES

La VII y VIII Banderas se crearon ya al final de la guerra de Marruecos y ante la necesidad de acabar definitivamente con esta larga contienda. El buen resultado de las primeras seis Banderas decidieron al Mando la ampliación de la Legión. No obstante, aún tratándose de las hermanas pequeñas, ambas Banderas demostraron su valor nada más estrenarse en el combate, a pesar de su falta de experiencia. La VII, creada el 1 de mayo de 1925, desembarcaba en Alhucemas un mes más tarde, el 8 de septiembre. La VIII fundada el 1 de enero de 1926, recibía su bautismo de fuego dos meses después en Loma Redonda, el 4 de marzo. Así pues el desembarco de Alhucemas, su posterior ampliación de la cabeza del puente y la limpieza final de todo el Protectorado, fueron las principales acciones llevadas a cabo por ambas Banderas, según veremos.

Orgánicamente, la Legión, que había nacido con tres Banderas, a dos Compañías de fusiles y una de ametralladoras, finalizó el conflicto con ocho Banderas de cuatro Compañías (una más de fusiles) y un Escuadrón de Lanceros. Este conjunto estaba dividido en dos Legiones, al mando de un Coronel. Tal orgánica era, en general, administrativa, pues el mando distribuía las Banderas por Columnas para las operaciones, según la terminología de Marruecos. Excepcionalmente fueron utilizadas (todas o la mayor parte) agrupadas bajo el mando de su jefe orgánico como ocurrió en la zona de Melilla, en la retirada de Xauen, o en Loma Redonda… Las Banderas comenzaron la guerra operando en profundidad (auxilio a posiciones, protección de convoyes, incursiones…) y acabaron, a partir de Alhucemas, es decir, desde la creación de la VII y VIII Banderas, siendo unidades muy maniobreras, que combinarían el frente con el recurso al envolvimiento o al flanco, sin dudar en la explotación local del éxito.

En ofensiva, los mandos de las columnas empleaban a las Banderas asignadas, generalmente una o dos, bien como reserva, para incidencias, flancos, envolvimientos o asalto final, o bien, para ruptura, ante frentes organizados. En defensiva, su empleo normal era para reserva; también en primera línea, para extrema retaguardia en los repliegues generales; como apoyo a otras acciones o como último recurso. A modo de reserva estratégica fueron utilizadas las Banderas en los traslados urgentes entre las zonas oriental y occidental a lo largo de la guerra. Desde el punto de vista moral, la Legión se cimentó como una extraordinaria fuerza que resistía, no sólo todo tipo de vicisitudes combativas, sino que asumía sin problemas el continuo desgaste de cuadros de mando y de tropa (sin que la reposición supusiera una pérdida de entereza, estilo y eficacia). Profesionalmente, esta fuerza se reveló como una excepcional escuela de mandos; caracterizándose sus Oficiales por ser firmes, resolutivos, dispuestos y eficaces. Un modelo nuevo que luego se extendió o fue imitado por otras unidades del Arma.

Después del desembarco de Alhucemas, alcanzado el acuerdo hispano-francés, ampliada la cobertura en la operación en la que participaban las V, VI, VII, y VIII Banderas al mando del Coronel Millán Astray (tras sustituir a Franco y en la que fue gravemente herido) y fracasada la Conferencia de Uxda en abril de 1926, se inicio una gran ofensiva cuya finalidad era ampliar la cabeza de desembarco hacia el sur y el oeste y enlazar por el este con la zona oriental del Protectorado (Melilla).

La Legión intervino con siete Banderas, es decir, todas las existentes excepto la VI, que permaneció en Tetuán. Fueron distribuidas seis de ellas en las cuatro Columnas del Cuerpo de Axdir (Mola, Balmes, Fiscer y Dolla), reservándose la III a las órdenes del General Carrasco. La ruptura fue durísima, lógica consecuencia del amplio periodo de estabilidad en la zona (siete meses), que permitió al enemigo fortificaciones lineales y en profundidad. Tres días, del 8 al 10 de mayo de 1926, fueron necesarios para la ruptura, conseguida a causa de tantas bajas, que estuvieron a punto de parar la ofensiva. Las Banderas en vanguardia unieron a su historial los nombres de Casa Mata y Casa Fortificada (I y II); Atrincheradas, del Cónico y Pista de los prisioneros (IV y V); Adalid e Iberloken (VII); Meseta de Azgar (VIII) y Monte Redchaba (III). Y más nombres:

Loma de los Morabos, Nicobian, ríos Guis y Nekor, Maaden, Kudia Sebaa…; más de cuatrocientas bajas.. El resto del año y la primavera del 1927 constituyeron un paseo militar por Yebala, Ketama y Alto Ajmas.

A partir de septiembre de 1927, con motivo de atender a la seguridad de las posiciones por toda la zona del Protectorado para repeler cualquier posible agresión por parte de los sometidos rebeldes, las Columnas de operaciones se convirtieron en Grupos Móviles que maniobraban en los sectores designados por el mando. Se montaron los servicios de vigilancia y seguridad al mismo tiempo que abastecían las guarniciones. Dio comienzo para la VII y VIII Banderas una vida dura de marchas y contramarchas, de rudo entrenamiento, en los que los hombres cubrían jornadas y más jornadas. Soportaban las inclemencias del clima y obstáculos que oponían la fragosidad del terreno por el que caminaban, alternando estos duros periodos con otros de descanso en el acuartelamiento de Riffien.

Este constante movimiento, cubriendo largas y duras jornadas, al mismo tiempo que como demostración de fuerzas, servía de entrenamiento para las fuerzas, que de este modo se encontraban siempre en inmejorables condiciones. Alternaban estos ejercicios de campaña con los de instrucción teórico – práctica y ejercicios de tiro, labor que en la paz hacía vivir a las Banderas en actividad constante. Una dura vida de sacrificio y de lucha en la que aquellos legionarios de la VII y VIII siempre dieron las admirables pruebas de un elevado espíritu.

LA VII EN LA GUERRA DE MARRUECOS

Nace una Bandera

Transcurría el mes de febrero de 1925 (casi cinco años después de la creación de las primeras unidades legionarias) cuando el Gobierno de la Nación, en atención a la gravedad de los sucesos que acontecían en tierras africanas y dado el óptimo resultado obtenido por la Legión desde su fundación, dispuso – por Real Decreto de 16 de febrero de 1925 – un aumento de la plantilla y una nueva denominación para estas Fuerzas que pasarían a llamarse Tercio de Marruecos. Este fue el origen de una nueva Bandera, la VII, que adoptó como Guión la Cruz de la Orden de Santiago en memoria del que fuera heroico Jefe de la Legión, Tcol. D. Rafael de Valenzuela y Urzáiz (Caballero de esta Orden), muerto gloriosamente al frente de sus legionarios. Asimismo, por idéntica razón, la VII Bandera sería también conocida con el sobrenombre de Valenzuela.

El 1 de mayo del citado año de 1925, la Bandera quedó organizada y constituida en el acuartelamiento de Dar-Riffien a base de tres Cia,s de fusiles (25, 26 y 27) y una de máquinas (28). La 25, 26 y 27 se corresponden con las actuales 1, 2, y 3 Cia,s y la 28 con la 5 Cía, herederas del historial de aquellas. El primer Cte. Fue D. Gregorio Verdú Verdú y sus primeros Jefes de Cía lo fueron el Cap. D. Gerardo Folgado Alonso (25 Cía), Cap. D. Rafael Cerdeño Gurich (26 Cía), Cap. D. Guillermo Cirerol Thomas (27 Cía) y Cap. D. José Grau Pujol (28 Cía). Por Real Orden de fecha 2 de mayo de 1925, se decretó una nueva organización del Tercio que quedó constituido tal y como sigue: Primera Legión en Melilla: I, II, III, y IV Banderas. Segunda Legión en Ceuta: V, VI y VII Banderas (la VIII se creó unos meses después). Escuadrón de Lanceros en Dar Riffien, que dependía directamente del Coronel Primer Jefe del Tercio.

El día 16 de junio de 1925 la Bandera recibió su bautismo de fuego cuando, formando parte de la columna que mandaba el Tcol. D. Miguel Campins, realizaba misiones de reconocimiento y protección entre Cuesta Colorada y Meyaba. Curiosamente la única baja que causó el fuego enemigo (tal y como se recoge en el diario de operaciones de la 28 Cía.) fue la del mulo número 171 – de nombre Jaquelado – perteneciente a la ya mencionada Cía.

En el desembarco de Alhucemas

A principios de 1925, el conocido cabecilla rifeño Abd-el-Krim había atacado con éxito algunas posiciones francesas, llegando en su avance a poner en peligro la guarnición de Fez. Las autoridades francesas (que hasta ese momento no se habían sentido amenazadas por tan peligroso personaje) decidieron entonces emprender, en colaboración con España, una operación militar conjunto-combinada que pusiese fin al problema. Concebida ésta se asignó como misión principal a cargo de las fuerzas españolas, la ejecución de un desembarco en Alhucemas. Mientras tanto, las francesas debían actuar ofensivamente y avanzar en dirección al límite de la zona de responsabilidad española por Lalla-Outka, Boured y Tzzi-Oudi.

Durante el mes de agosto se realizaron todo tipo de preparativos. Se aprobó la compra de las que fueron conocidas como barcazas modelo “K” (letra que podía verse pintada en su casco). Estas barcazas fueron adquiridas a los ingleses y procedían de Gallipolis, donde ya habían cobrado la experiencia y huellas que los desembarcos en territorio enemigo suelen dejar. En el desembarco de Alhucemas, el mando directo de la operación se le encargó al General José Sanjurjo. Por su parte, las dos Columnas de desembarco denominadas de Melilla y de Ceuta, estaban mandadas por los Generales Fernández Pérez y Saro, respectivamente y constituidas cada una por 5 o 6000 hombres. Las vanguardias de estas Columnas las dirigían los Coroneles Goded y Franco.

Las unidades ejecutantes se adiestraron convenientemente. Se descartó totalmente el ganado de modo que las Compañías marcharían a la ligera. El municionamiento se resolvió llevando por cada dos Escuadras tres mochileros que portarían sobre sí los cartuchos y granadas precisos para el combate. Las ametralladoras y sus municiones también eran llevadas a brazo. Las barcazas kas tardaron en llegar, motivo por el que las unidades se instruyeron dibujando en la arena de las playas cercanas a sus destacamentos, el contorno de estas barcazas. Desde ellas, los legionarios saltaban al orden de combate como si se tratase de una batalla real, y se acomodaban al terreno buscando desenfiladas y ángulos muertos para progresar y ensanchar la cabeza de playa.

Los Coroneles Franco y Goded habían planeado bien la futura acción, y no faltaba ya más que recibir la orden de embarque. Las unidades legionarias actuantes habían de ser las II y III Banderas en la Columna de Melilla, y las VI y VII en la de Ceuta. En el territorio oriental quedó la primera Bandera como reserva general, y las IV y V en el occidental, con igual carácter. Además de con la VI y VII, el Coronel Franco encabezaría el desembarco con diez tanques ligeros, tres Tábores de Regulares, un Grupo de Artillería de Montaña y dos Compañías de Zapadores.

Por fin, el día 5 de septiembre de 1925 llegó la orden, y las VI y VII Banderas embarcaron en el buque Capitán Segarra. La primera de ellas envió sus unidades a las Kas 21 y 23 y, en unión de la Escuadra, partieron hacia Uad Lau para simular un desembarco a fin de desorientar al enemigo. Repitieron este mismo simulacro en M´Ter, Tazza y Tiguisas, mientras los cañones de los buques de guerra disparaban sobre las costas de dichos puntos. En la madrugada del 7 al 8 de septiembre de 1925 las costas de Alhucemas estaban cubiertas de niebla. El viento Levante desplazó los buques más de lo que fuera necesario. Aparte de la niebla costera, el espectáculo de las Escuadras y buques de transporte era impresionante, dominados por la mole del acorazado París de la Escuadra francesa. Los Torpederos, las Corbetas y los Avisos navegaban entre los grandes buques con gran rapidez.

Las barcazas K.21 y K.23, cargadas de legionarios de la VII, se aproximaron a tierra y tendieron sus pasarelas. El fondo del mar presentaba en la playa un escalón y el personal, bajo el mando de sus Oficiales, se arrojó al agua que les llegaba más arriba de la cintura, llevando en alto las armas y municiones. Tronaron los cañones de la Escuadra y las unidades legionarias corrían por la arena para tomar posiciones, ensanchando cada vez más la cabeza de playa.

A las doce desembarcó toda la VII Bandera, ocupando rápidamente las posiciones que le habían sido encomendadas próximas a la costa, estableciéndose a la izquierda del dispositivo. Las bajas de una y otra Bandera habían sido escasas porque la sorpresa fue total y absoluta. El Coronel Franco que marchaba junto a las tropas dictó sus instrucciones para situar la línea y permitir el desembarco de las demás fuerzas. Al abrigo de los acantilados se establecieron las reservas, el hospital de campaña y los servicios de Intendencia e Ingenieros con los elementos de fortificación, víveres, hornos de cocer pan y numerosos bidones de agua para el abastecimiento de las tropas.

Una vez alcanzada tierra firme, la VII Bandera al completo se lanzó a ocupar las alturas de Morro Nuevo, con objeto de proteger el desembarco de las restantes fuerzas. En esta acción, la Valenzuela registró las que habrían de ser sus primeras bajas mortales acaecidas en combate: un Cabo y dos legionarios. El Cabo era Alfredo Pillín Pérez (28 Cía.); en cuanto a los legionarios, uno de ellos se llamaba José Suárez Arroyo (25 Cía.), y el otro José García López (28 Cía).

Luego la VII Bandera, desde la cañada de salida, siguió el avance de las Harkas y Mehal-las. El enlace íntimo y perfecto con las Baterías permitió insistir en la preparación artillera cuando el enemigo intentaba reaccionar sobre las citadas Harkas y Mehal-las. Se aprovecharon los momentos de sorpresa y poco después se dio el segundo asalto en el frente y flanco izquierdo por las VI y VII Banderas de la Legión al mando del Teniente Coronel Liniers y Harkas a las órdenes de Muñoz Grandes. Se coronaron todos los objetivos de la primera fase después de empeñada lucha para reducir los focos de resistencia, cuevas y casas enemigas. Con este asalto finalizó la citada fase, organizándose sobre estas alturas y casas las fuerzas de la Columna, con vistas a dar el segundo asalto a los cuernos de Xauen.

Municionadas las fuerzas con cartuchos y granadas, se abordó este segundo asalto, previa intensa preparación artillera. A la hora determinada (once menos cuarto) salieron las unidades de asalto a la coronación de los citados picos. Lo efectuaron en decidido avance las Harkas y la VII Bandera, arrollando al enemigo y apoderándose del macizo de Yebel Malmusi, (más conocido como cuernos de Xauen). Durante este avance el fuego de las Baterías enemigas fue muy intenso. Las Banderas VI y VII sufrieron como bajas dieciséis Oficiales y ciento noventa y nueve de tropa, entre muertos y heridos.

Mientras tanto Abd-el-Krim quiso parar el ataque a su santuario, que adivinaba inmediato, y eligió muy acertadamente la débil y próxima línea de Tetuán. El propio Primo de Rivera tomó la decisión de enviar en socorro de Tetuán un Grupo de Regulares y dos Banderas de la Legión, -II y III – embarcadas y dispuestas frente a la bahía de Alhucemas, al mando del Teniente Coronel Balmes, Jefe de la 1ª Legión. El día 10 (septiembre 1925) desembarcaron en Ceuta y el 11 comenzó el ataque mediante tres Columnas; en el centro la Legión, que habría de romper el cerco. Hasta la madrugada del día 13, que se produjo el asalto final, la lucha fue encarnizada, al arma blanca y a la granada, en un combate que ha pasado a la historia como el de las Laureadas.

Luego restablecida la situación en la zona de Tetuán, se reemprendieron las acciones en Alhucemas, una vez consolidada la cabeza de playa. Desembarcados todos los efectivos y realizados los reconocimientos ofensivos, se inició en dos fases (23 y 30 de septiembre) la ofensiva para la consecución de la base de operaciones. De las cinco Columnas, la Legión formaba parte de las dos más fuertes (Franco y Goded), con las Banderas VI-VII y II-III, respectivamente (estas dos últimas, reincorporadas de Tetuán). Ambos jefes de Columna utilizaron a las unidades legionarias, con matices, de forma parecida: bien para romper, recuperando inmediatamente las Banderas para el asalto al objetivo final (Franco), o en reserva, para impulsar la maniobra y atacar al punto esencial de la ofensiva (Goded). De cualquier forma, la Legión estuvo, con fuerte protagonismo, en la toma de los Malmusi y Morro Viejo (primera fase) y en las Palomas, Cónico, Rocosa y Adrar Sedum (segunda fase), que coronaron la base de operaciones fijada para el desembarco.

Se llegó a formar una formidable línea de defensa, donde se sufrían los ataques, no siempre infructuosos, del contrario. Los españoles tuvieron muchas bajas durante la primera semana de ofensiva, pero el avance resultó eficaz, bien apoyado y relativamente bien organizado. El 30 de septiembre los rifeños se retiraron, estrangulando sus posibilidades de resistencia.

La rotura de la cabeza de playa

Durante la campaña desarrollada entre 1925 y 1927 la VII Bandera tuvo un papel muy destacado. Fueron de especial importancia el ataque al Monte de las Palomas (30 sep. 25) pocos días después del desembarco de Alhucemas, la ocupación de Loma Redonda (04 mar 26) – fecha donde el Coronel Millán Astray resultó herido por cuarta vez – , la ofensiva del 8 de mayo de 1926 (sector de Alhucemas) en la que, por parte de la Legión, participaron la I, II, IV, V, VII y VIII Banderas y la conquista entre el 30 de junio y el 5 de julio de 1927 del collado de Bab-Tazza, Yebel-Jesama y Bab-Quern. El ya citado collado de Bab-Tazza adquiría con posterioridad una especial relevancia ya que dio nombre a la paz que con fecha 10 de julio se firmó en dicho lugar – Paz de Bab-Tazza -. Este acontecimiento ponía fin al mito de la inexpugnabilidad del corazón del Rif y a las casi fanáticas leyendas de la región de Gomara. Pero retornemos de nuevo a los primeros meses de vida de la VII Bandera.

En octubre de 1925 la Valenzuela, bajo el mando del Comandante Sueiro, inició el mes en las posiciones defensivas ocupadas el 30 del anterior en Monte Palomas tras el desembarco de Alhucemas. Permaneció todo este mes a cargo de la defensa de la línea en las posiciones que le fueron encomendadas, sosteniendo frecuentes tiroteos con el enemigo, que le hostilizó constantemente con fuego de artillería, ocasionando a la Bandera frecuentes bajas. En esta misma posición se mantuvo durante todo noviembre, diciembre y parte de enero, fecha en la que embarcó rumbo a Ceuta y luego marchó a Tetuán para constituirse en reserva.

El día 15 de febrero de 1926 se convirtió en un día histórico para la VII Bandera, pues con motivo del ascenso a General del Coronel Jefe del Tercio, Franco, y la toma de mando del nuevo Coronel, Millán Astray, la Bandera, que se encontraba en la estación de Tetuán, fue revistada por los fundadores, desfilando así ante su antiguo y nuevo Jefe.

Más tarde, el día 27, se trasladó a Ceuta, donde embarcó en el vapor Escolano, zarpando de nuevo rumbo a Alhucemas, desembarcando en la Cala del Quemado, e incorporándose al campamento Islit, donde quedó encuadrada en la Columna del Coronel Fuster, y más tarde en la del General Dolla. El día 8 de mayo de 1926, en vanguardia de la Columna, salió la VII Bandera de su base para intervenir en la ruptura del frente de la cabeza de playa de Alhucemas, recibiendo por misión la de atacar en dirección a la meseta de Asgar. Veamos, a modo de ejemplo, cómo durante el avance de Alhucemas se realizaban los ataques en aquellos tiempos en los que tan frecuente era poner en práctica lo de y llegar a la bayoneta.

La 26 Cía ocupó las edificaciones situadas al lado derecho del barranco que dividía la meseta de Asgar, y la 27 Cía las casas que existían a la derecha de los citados poblados, desplazándose por todo el llano hasta establecer contacto con el flanco izquierdo de la Columna del centro. Así quedaba una Sección de la mencionada Compañía mezclada con otra de la Harka de Tetuán, mandada por el Teniente Zayas. Incorporada la Bandera a estas posiciones, recibió orden del Jefe de la Columna de marchar en socorro de un Tabor de Regulares de Larache, que se hallaba en el flanco izquierdo de la Columna del centro. Con objeto de recuperar unas casas fortificadas y a fin de llegar con rapidez a dichos puntos, hizo la Bandera una marcha de flanco, siendo durante ella hostilizada por el enemigo. Después de dejar establecida en posición a la Compañía de ametralladoras para proteger el avance, se concentró el resto de la Bandera en las proximidades de la casa ocupada. Examinada la situación se ordenó el asalto a la bayoneta de dichas casas fortificadas, lo que realizó la 25 Cía con gran valor y rapidez, ocupando todas los edificios, a pesar de la resistencia que presentaba el enemigo con fuego de fusil y ametralladora.

Al día siguiente (10 de mayo de 1926), la VII Bandera salió por orden del Jefe de la Columna, tomando la 27 Cía la primera casa delante de la línea, concentrándose luego toda la Bandera en ella. Con el apoyo de los fuegos de una Batería y las armas automáticas de la propia Bandera, avanzó la 27 Cía sobre la segunda casa, siendo muy batida por los dos flancos y frente, estableciendo una guerrilla frente a ella debido a la mucha resistencia ofrecida por el enemigo. Entonces, el Jefe de la Bandera ordenó que la 26 Cía, protegida por la citada guerrilla, diera un asalto al arma blanca a dicha casa, haciéndolo en unión de la 27 Cía. Se vieron obligadas para desalojar al enemigo de sus posiciones al amplio uso de las granadas de mano. Concentrada por segunda vez la Bandera en esta nueva posición, y al amparo de ella, dio la 25 Cía otro asalto hacia las casas rojizas y de dos pisos que se encontraban a la derecha, ocupándolas. Cumplidos todos los objetivos asignados a la Bandera, ésta se dedicó a fortificar las nuevas posiciones, tras una dura jornada en la que, según hemos visto, se emplearon tanto o más las bayonetas y granadas de mano que el fuego de fusilería.

Mientras tanto Abd-el-Krim optó por acogerse a las autoridades francesas, que lo desterraron a la isla de la Reunión. La rendición del cabecilla no implicó la desbandada de todas las fuerzas hostiles al Protectorado. Los moros todavía no creían en la certeza del hecho consumado, y aquí y allá entablaban pequeños combates que mantendrían a los españoles en operaciones a escala reducida durante otro año. En todos o casi todos los puntos, las Banderas de la Legión habrán de hacer un papel preponderante. En marzo de 1927 aún saltarían chispazos de rebeldía en las zonas de Ketama y Senhaya, a donde los legionarios, en unión de otras fuerzas, acudieron para extinguir el fuego. Sanjurjo, que había sido nombrado Alto Comisario tras el triunfo de Alhucemas, pudo informar el 10 de julio de 1927 que la pacificación del Protectorado había concluido.

En definitiva, a modo de resumen, desde la creación de la VII Bandera los hechos de armas más importantes, según lo dicho, fueron los siguientes: El 8 de septiembre de 1925 desembarco de Alhucemas, el 23 de septiembre Monte Malmusi, el 30 de septiembre Las Palomas. Ya en 1926, el 4 de marzo Loma Redonda, el 8 de mayo Asgar y Los Morabos, el 26 de mayo Beni-Madan. Por último, en 1927, el 15 de junio Kudi-Sebaa.

En Madrid ante el Presidente de la República

Finalizada la guerra de Marruecos, la VII se dedicó a patrullar a pie por toda la zona del Protectorado y a realizar destacamentos, colaborando así a mantener la presencia del Ejército por todo el Protectorado.

Ya en 1931, proclamada la República el 14 de abril, la VII Bandera prestó acatamiento al nuevo Régimen en el Zoco de Arbaa donde se encontraba destacada. En este año de 1931, la profunda reorganización del Ejército llevó a suprimir una Compañía en cada Bandera de la Legión (D.O. núm. 122 del 04-VI-31) y parte del Escuadrón de Lanceros, dejando la tropa de éste reducida a 36 legionarios de 2ª (D.O. núm. 122).

Designado por las Cortes constituyentes el nuevo Presidente de la República, se dispuso, con motivo de su toma de posesión, la organización de un desfile militar al que concurrieron representantes de todas las Armas, Cuerpos y Servicios. Por la Legión fue designada la VII Bandera, que en la madrugada del día 9 del citado diciembre llegaba a Madrid, mandada por su Comandante D.José Vierna Trápaga, y los Capitanes D. Waldo Barcón de Furundarena, D. Arturo López Maraver y D. Carlos Tiede Zedén, de quien por cierto la prensa se ocupó destacadamente por su condición de extranjero (alemán) y haber conseguido todos sus empleos desde legionario raso por méritos de guerra. Doce Tenientes integraron los mandos subalternos y 600 legionarios, con Bandera, Guiones y ocho Banderines acapararon las miradas, las distinciones y los aplausos de los españoles, regresando a Ceuta con la satisfacción del deber cumplido, con las ovaciones que rubricaron su ejemplar proceder.

Los rumores de disminución de los efectivos del Tercio quedaron confirmados por la Orden de 27 de diciembre de 1932, (D.O. núm. 305). Desgraciadamente el día 1º de 1933, cuando las cornetas legionarias rasgaron el aire con la matinal y alegre diana, no concurrieron a pasar lista el Escuadrón de Lanceros ni la VII y VIII Banderas, pues con el fin de año de 1932, también se puso fin a estas tres unidades legionarias.

 

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