Ejercicios en Almería

DE ISLEÑO A PENINSULAR: ALMERÍA, 1996-2003

EJERCICIOS EN ALMERÍA

Temas de fuego real: “Ataque a una posición”

Como he dicho antes, es una suerte contar con un campo de tiro y maniobras al lado del cuartel que permite cruzar la puerta falsa y empezar a desplegar las Compañías y pegar tiros. En este sentido, a pesar de los problemas de cobertura (al desaparecer el personal de reemplazo el Tercio bajó a un 40-50 % de tropa), lo cierto es que las Cías activadas desarrollan unos atrevidos pero bien coordinados temas de fuego real. A continuación voy a describir uno de los ataques a una posición organizada que presencié en un ejercicio de fuego real y que publiqué en el 2002 en la revista Ejército. Se trata de un ataque a una posición fuertemente organizada desarrollado en una jornada continuada de instrucción, es decir, fuera de unas típicas maniobras, pues como he dicho antes el campo de tiro y maniobras está prácticamente en el propio cuartel:

“Es la una de la madrugada. Los vehículos BMR han ocupado posiciones en la Zona de Espera al sur del campo de maniobras Alvarez de Sotomayor de Almería. Los legionarios del Tercio D. Juan de Austria, 3º de la Legión, que constituyen el Grupo Táctico, aprovechan para echar una cabezada en las proximidades de los blindados. Aún quedan unas cuantas horas hasta iniciar el movimiento nocturno. Aunque se supone que el enemigo está lejos no se escucha ningún ruido ni se ve ninguna luz.

Las órdenes se transmiten susurrando al oído y las linternas se encienden atenuadas en el interior de los vehículos. El Cte. Eugenio Bayo, jefe de operaciones, no logra pegar un ojo; ha planificado minuciosamente el ataque a una posición fuertemente organizada y está deseando iniciar el ejercicio cuanto antes. Su jefe, el Tcol. Angel Alvarez, también esta deseoso de que amanezca cuanto antes e iniciar el ataque. En este momento lo que más le preocupa es la seguridad de su personal. Debe coordinar el fuego de la artillería, el de los morteros, la apertura de las brechas con pértigas a cargo de los zapadores, el movimiento de las Compañías.

Los Capitanes Agustín Carreras, Antonio Ferrera y Andrés Valero, jefes de la 1ª, 2ª y 6ª Compañías de fusiles respectivamente, esa misma tarde han vuelto a recordar las normas de seguridad durante el avance de las Secciones, Pelotones y Escuadras. Este movimiento de una parte del personal debe estar perfectamente combinado con el consiguiente apoyo por el fuego de fusilería de los propios compañeros apostados en el suelo. Estos, de inmediato, deberán saltar, recibiendo esta vez el apoyo del fuego de los que antes avanzaban. Y así, sucesivamente, hasta llegar al asalto final

Para el Cte. Pablo Ferre, jefe del área de logística del Grupo Táctico, las principales preocupaciones ya quedaron atrás. Su problema no es otro que el dichoso mantenimiento y puesta a punto de todos los BMR con sus ametralladoras y transmisiones. Como siempre los especialistas de los 2º Escalones del Tercio D. Juan de Austria, dirigidos por el Alférez Guerra, han funcionado de maravilla. Labor callada, intensa, ingrata y a veces poco reconocida la de estos mandos legionarios que normalmente se les ve con el mono en los talleres de armamento y electrónica, o debajo de los BMR reparando vehículos. Desde lejos contemplan como el resto del personal del Tercio solo piensa en la táctica, en ir a pegar tiros, a desplegar en el campo simulando su entrada en combate. Sin embargo, a la hora de combinar la operatividad del personal con la del material, aparecen los problemas de falta de mano de obra para el mantenimiento, de repuestos, de tiempo. Y ahí están los especialistas del 2º Escalón para sacar las castañas del fuego.

A las 4 de la madrugada los centinelas avisan a los conductores de los BMR, que ponen los motores en marcha. El ruido alerta a los adormilados legionarios que rápidamente recogen el saco de dormir y forman al pié de las rampas. Los jefes de Pelotón, tras comprobar que todo está en orden, dan novedades y embarcan. Se inicia la marcha de aproximación. Los BMR avanzan muy despacio con las luces de guerra. La Sección de reconocimiento, al mando del Teniente Ríos, va destacada en cabeza, informando y jalonando. Al alcanzar las sucesivas líneas de coordinación las Compañías dan novedades y el Tcol. Jefe aprovecha para controlar el despliegue. Tras tres horas interminables se ocupan las posiciones previstas, detrás de unas lomas a cubierto de las vistas del enemigo. No muy lejos se encuentra la Línea de Partida para el ataque. Son las siete de la mañana y aun no ha amanecido, si bien la noche parece menos oscura.

A partir de este momento todo transcurre muy deprisa. El personal desembarca de los BMR, las Compañías de fusiles despliegan. Los morteros que se habían quedado a retaguardia, preparados para apoyar en caso necesario la aproximación, realizan un cambio de asentamiento. La Batería de Artillería informa que está desplegada y dispuesta para apoyar por el fuego. Los zapadores preparan las pértigas y los botes de humo. Las ametralladoras suben por las medias laderas hasta alcanzar un punto desde donde puedan disparar por encima y por los flancos de los fusileros. El Teniente Elías, jefe de la Sección de transmisiones, confía en que todas las mallas radios funcionen correctamente. Los Capitanes hablan con los Tenientes y éstos con los Suboficiales y Cabos 1º y los Cabos con los legionarios. Mas que dar órdenes se repasan las ya dadas. Se pasan revista unos a otros. Se vive la tensión previa como si realmente se fuera a entrar en combate. Empieza a amanecer.

Aunque se trata de un ejercicio, todos piensan que en un conflicto real la Legión no solo siempre sería la primera en intervenir, si no que además marcharía en vanguardia.. Saben que no pueden defraudar la fama que para la Legión ganaron esos miles de legionarios que, a lo largo de la breve historia de este Cuerpo, dejaron escritas multitudes de acciones heroicas. En definitiva ha llegado la hora de cumplir la consigna, el lema, la contraseña que tantas veces han cantado en los himnos y escuchado a los diferentes cornetines de órdenes ¡legionarios a luchar, legionarios a morir!.

Mientras tanto en la Sección de morteros, su Jefe, el Teniente Monje de la 10ª Compañía, quiere arrasar las trincheras del adversario aprovechando las trayectorias curvas de sus granadas. Pretende destruir o al menos impedir que el supuesto personal de la Compañía enemiga, desplegado a su frente, haga uso de sus armas mientras avanzan los legionarios por tierra a pecho descubierto. No está solo en este empeño, pues los Lag-40, que instalados encima de los vehículos Vamtac han ocupado posiciones en desenfilada, también han empezado a disparar. Resulta impresionante escuchar cantar a la vez a todas las ametralladoras pesadas de los BMR. Y no solo escucharlas, si no ver el efecto devastador de sus disparos cuando impactan sobre los objetivos.

Simultáneamente los Capitanes Carreras y Valero reciben la orden de iniciar el avance. La 1ª Compañía cruzará la Línea de Partida por el este y la 6ª Compañía por el oeste. Cada una debe atacar a una Sección atrincherada que tiene perfectamente localizada a su frente. Desde el piano eléctrico se activan las cargas que simulan la barrera de artillería. Los legionarios de la 2ª Compañía maldicen su mala suerte al tener que quedar de momento quietos en sus actuales posiciones. Su jefe el Capitán Ferrera confía recibir pronto la orden de relevar a sus compañeros de la 1ª Compañía para continuar el avance y atacar la Sección enemiga que se encuentra desplegada más a retaguardia, momento en el que sus aguerridos legionarios podrán desahogarse y descargar su tensión.

De repente por el cielo se observan pequeñas trayectorias de humo que al llegar al suelo se convierten en autenticas cortinas de niebla. Se trata de los botes disparados desde los lanzafumígenos de los BMR que buscan ocultar de las vistas enemigas el avance de los fusileros. Unos saltan mientras otros apoyan con el fuego de sus fusiles tumbados en el suelo. Todo va bien hasta que chocan con el borde anterior de la zona de resistencia, encontrándose con los campos de minas y alambradas. Ha llegado el momento de la actuación de la Sección de Zapadores. Los infantes admiran el valor de sus compañeros, que con la pértiga en la mano se desplazan reptando hacia ese lugar tan batido por el fuego enemigo y a la vez tan peligroso por estar minado. Van empalmando las pértigas y haciéndolas avanzar hasta calcular que queda abierto un pasillo lo suficientemente profundo. Actúan varios Pelotones simultáneamente a lo largo de toda la alambrada. Dan fuego a las mechas y retroceden rápidamente.

El Sargento Palacios de la 6ª Compañía, atento a la maniobra de los zapadores, alerta a su Pelotón que va a ser el primero en cruzar el pasillo. Unas fuertes explosiones se escuchan en mitad de las alambradas. Son las pértigas que han estallado abriendo una brecha profunda. Los zapadores corren hacia los pasillos y toman posiciones a un lado y a otro de los mismos, mirando hacia el exterior para dar protección a los infantes cuando los crucen. El Sargento Palacios, el Sargento Bernabé, el Cabo 1º Lobo y todos los jefes de Pelotón designados para ser los primeros en atravesar las alambradas levantan el brazo y dan la voz de ¡adelante!. Cruzan los pasillos en hilera protegidos por las cortinas de humos y por los zapadores, y enseguida despliegan en guerrilla para apoyar el avance del resto de los compañeros de sus Secciones que les siguen casi de inmediato.

Pero con el cruce del borde anterior solo se acaba de iniciar uno de los muchos momentos de máxima tensión y peligro que se producen durante el ataque. A partir de ahora todo sucede rápidamente. En cierta manera se pierde la noción del tiempo. Las ametralladoras ligeras disparan desde los flancos sin cesar. Los saltos cada vez son más cortos. Se multiplican los disparos de fusilería hasta llegar al momento decisivo del asalto final en el que los legionarios lanzan las granadas de mano y corren disparando hacia las trincheras enemigas apareciendo como fantasmas en medio del humo. Se escuchan gritos que sirven de válvula de escape a los nervios. Se golpean las siluetas atravesadas por cientos de disparos. Se sobrepasan unos metros las posiciones enemigas recién conquistadas y se adopta una actitud defensiva. Los legionarios exhaustos aprovechan los pozos de tirador enemigos, se tumban detrás de abrigos y reponen sus municiones llenando los cargadores vacíos. A lo lejos observan el avance de la 2ª Compañía que viene a relevarles. Tras un paso de escalón los legionarios del Capitán Ferrera continúan el ataque, pues aun quedan por conquistar las posiciones de la tercera Sección enemiga.

Fieles a su consigna de legionarios a luchar, legionarios a morir, los legionarios, en este caso del Tercio D. Juan de Austria, quizás no sean ni mejores ni peores que los soldados de otras unidades, pero indudablemente sí son diferentes gracias al cumplimiento del Credo que les legó el fundador de este Cuerpo, Millán Astray. En este caso, gracias a su espíritu de combate que a menudo se pone en práctica en temas de fuego real similares a éste que se acaba de relatar aprovechando, según lo dicho, la disponibilidad de un campo de tiro y maniobras colindante con la base legionaria Álvarez de Sotomayor. Antes, al igual que ahora, la gran ventaja de esa mística que se vive en la Legión es que prepara al combatiente para, si fuera necesario, luchar con honor, sin miedo al riesgo personal, sin miedo a la muerte, en definitiva, inculcando valor para afrontar los momentos más decisivos de un combate”.

“Astray – Matador – 96”: nacen las “Betacom”

En la revista La Legión encontramos cómo fue este ejercicio:

“Entre el 9 y 26 de mayo de 1996 se desarrollaron en el Campo de Tiro y Maniobras de San Gregorio (Zaragoza) las que iban a ser primeras maniobras de la Brigada de la Legión (BRILEG). En estas maniobras ejecutadas en dos fases (denominadas Astray y Matador respectivamente) contaron con la participación de elementos de todas las pequeñas unidades que componían la joven Brigada: Grupo de Artillería, Grupo Logístico, Unidad de Zapadores, Transmisiones, Cía. de Defensa Contracarro, Unidad de Inteligencia, Cuartel General y sus tres Banderas, la VII y la VIIIª del 3er Tercio y la Xª del 4º.

El primer y no pequeño reto fue efectuar el traslado de las dos Banderas, desde Almería a tierras aragonesas. La marcha, que contemplaba el movimiento de los vehículos tácticos (BMRs) por carretera, encerraba una especial dificultad por varios motivos. Podemos empezar mencionando la larga distancia a recorrer; unos 1200 km,s. aproximadamente, lo que obligó a efectuar el movimiento en dos jornadas con un alto central en el acuartelamiento de la Brigada Paracaidista en Alcalá de Henares. Por otro lado, se trataba de la primera vez que las Banderas del 3º Tercio –que hasta esa fecha se movían como Banderas Ligeras- ejecutaban una marcha como Banderas Mecanizadas y, aunque algunos de los conductores habían recorrido muchos km,s a los mandos del BMR en Bosnia, esa experiencia era ya algo lejana. Por último, los BMRs recién asignados al Tercio eran de diversa procedencia, su estado no era en muchos casos el mejor y la mayoría llevaban largo tiempo inactivos, lo que arrojaba ciertas dudas sobre sus posibilidades de llegar a destino.

El 9 de mayo tal y como estaba planeado se inicio la marcha y a pesar de las dificultades anteriormente expuestas se consiguió llegar y –lo que es más importante- regresar de Zaragoza. No obstante hemos de reconocer que algunos BMRs (como era de esperar) quedaron averiados en el camino. Una vez instalados en el Campo de Tiro y Maniobras dieron comienzo las diversas actividades que como ya hemos apuntado se desarrollarían en dos fases, Astray y Matador. La finalidad del primero de ellos era la de instruir a las unidades en la ejecución de la maniobra defensiva.

Para ello se destinaron los días iniciales a plantear y desarrollar sobre el terreno temas de defensiva que incluían la materialización de las posiciones correspondientes (para que todos nos entendamos, instrucción de pico y pala) combinadas con la realización de algunos ejercicios de tiro. El ejercicio concluía con un relevo nocturno de posiciones. El teórico enemigo se encontraba muy cerca, de ahí la importancia de mantener el secreto durante toda la operación. Precisamente con este objeto –mantener el secreto- el relevo se efectuó secuencialmente y durante la noche. Aunque los problemas de coordinación no fueron pocos la operación se concluyó dentro de los plazos previstos y resultó muy instructiva e interesante.

En el segundo ejercicio, Matador, se trabajaba conjuntamente con unidades pertenecientes al Cuerpo de Marines de Estados Unidos. Esta fase también se inició con un intenso periodo de adiestramiento durante el cual se realizaron más ejercicios de tiro y temas de ofensiva como unidades mecanizadas (empleando nuestros BMRs) y operaciones aeromóviles como unidades ligeras (siendo aerotransportados a las diversas zonas de acción a bordo de helicópteros). El ejercicio concluyó con una operación conjunta de gran envergadura cuyo objetivo era la evacuación de una teórica minoría étnica que se encontraba sitiada y perseguida por elementos hostiles”.

En dicha operación participaron elementos mecanizados y aeromóviles de ambos países (USA y España). A la VII Bandera le correspondió en concreto la misión de ocupar y asegurar un pasillo de unos 2 km,s de anchura a través del cual serían evacuados los refugiados. La maniobra se desarrolló de acuerdo con los planes previstos resultando muy interesante por dos aspectos, la cooperación con las fuerzas del Cuerpo de Marines y el planteamiento de un tema muy acorde con la situación internacional y misiones que últimamente se estaban encomendadas a las Fuerzas Armadas.

Conviene recordar que el ejercicio bilateral hispano-estadounidense Matador-96 tuvo un carácter conjunto-combinado y en el mismo participaron importantes contingentes de fuerzas terrestres, navales y aéreas, de ambos países. El supuesto contemplaba una misión de interposición y rescate derivada de la aplicación de una resolución emanada de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En esta ocasión, la crisis continuada entre dos países limítrofes desemboca en la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos e invasión de una franja fronteriza.

Ello motivó que una etnia habitante de la zona invadida se viese sometida a un proceso de represión, provocando un escándalo mundial y peligrando la vida de un pequeño grupo de occidentales que se encontraba allí formando parte de la representación diplomática y en tareas de apoyo a la industria local. Se montó una gran operación, que obligó a planificar una intervención conjunto-combinada entre elementos españoles y estadounidenses, encargados de constituir una Fuerza de Tarea (Task Force 96). Esta fuerza se componía de cuatro Subagrupaciones o Grupos de Tarea (Task Groups) con elementos aéreos, navales, terrestres y fuerzas especiales.

La primera fase contempló la ejecución del supuesto Lisa Azul de operaciones especiales navales, que tuvo lugar en aguas de Cartagena y Mazarrón (Murcia). Siendo los principales participantes la Unidad de Buceadores de Combate (UEBC) y un Equipo de Comandos navales SEAL (Sea, Air and Land) de la Armada Estadounidense (U.S. Navy). Miembros de ambas unidades realizaron diferentes acciones encaminadas a permitir el desembarco posterior de los elementos de acción combativa.

Simultáneamente a la anterior, se había programado el ejercicio Minex, en el que buques españoles de la Flotilla de Medidas Contra Minas (MCM) de la Base de Cartagena, junto a estadounidenses, ejecutaron diversos supuestos de limpieza zonal de minas, con las consiguientes fases de rastreo, localización, identificación y neutralización. Por su parte el Ejército del Aire programó el ejercicio Poop-Deck de defensa aérea y ataque aprovechando la disponibilidad en zona de un grupo de combate y otro anfibio estadounidenses.

Con el primero, que integraba al portaaviones CVN 73 George Washington y diversos buques de escolta, se realizaron ejercicios de acción-reacción. Primero los aviones F-14 Tomcat, F-18 Hornet y A-6 Intruder embarcados atacaron diversos objetivos en territorio insular y peninsular español –bases aéreas y navales, puestos de radar, industrias estratégicas, etc…- encargándose de la defensa aérea a cazabombarderos españoles de los tipos Mirage F-1 y EF-18 que estaban apoyados por aparatos F-18 de los marines y F-15 y F-16 de la Fuerza Aérea en Europa. Paralelamente a estas acciones aéreas, que incluyeron combates de tipo lucha uno contra uno, dos contra uno, dos contra dos, cuatro contra cuatro, etc…, se ejecutaron tareas de transporte logístico, reabastecimiento en vuelo, dirección táctica con apoyo de aviones radar tipo AWACS, guerra electrónica, …, complementarias a la acción principal y muy importantes para el resultado final.

Al finalizar los cuatro supuestos anteriores, se entró en la fase final de la acción designada como Matador 96, desplegándose en una parte del campo de tiro y maniobras, que simulaba la zona de operaciones, tres millares de hombres y un enorme contingente de medios, entre los que se encontraban 230 vehículos ligeros y 130 pesados, 60 transportes blindados, 20 morteros, 11 obuses de 105 mm y 6 de 155 mm, una veintena de puestos de tiro portátiles de misiles antiaéreos más un número similar de lanzadores de misiles contracarro, y 16 helicópteros de diversos tipos que incluían los pesados CH-46, CH-47 y CH-53.

Obtenida la superioridad aérea zonal, a primeras horas del día 23 comenzó una operación de transporte aéreo de elementos de la VII y X Banderas Ligeras Legionarias aprovechando la capacidad de media docena de helicópteros AS-332 Super Puma de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), que realizaron varias rotaciones y estaban apoyados tanto por UH-1H Iroquois como por Bo-105 Bolkow. Posteriormente, el Grupo de Artillería de la BRILEG, que está dotado con vehículos ligeros y piezas remolcadas Oto Melara M-56 de 105 mm, fue trasladado a vanguardia con el apoyo de helicópteros de transporte pesado CH-47D Chinook españoles, que también cargaban con sus elementos de apoyo y dotaciones de personal.

Mientras se establecían las posiciones defensivas en vanguardia y los aviones de combate sobrevolaban la zona proporcionando tanto apoyos de fuego terrestre como capacidad de defensa aérea frente a posibles reacciones. Con este apoyo constituido, comenzaron a desplegarse en la zona donde se trasladarían los residentes a evacuar diversos convoyes motorizados de la Legión y los marines, que incluían entre sus elementos de apoyo, blindados de ruedas BMR y LAV-25 (Ligh Armoured Vehicle), vehículos todo terreno ligeros tipo Hummer. Establecida y asegurada dicha zona se abrió un corredor terrestre, que contribuyó a fortalecer los elementos del Centro de Evacuación establecido y protegido al efecto de iniciar la repatriación aérea de los residentes de la zona de peligro, previa presentación de los pasaportes que les acreditaban como tales.

Las actividades terrestres concluyeron con un sencillo y emotivo acto homenaje a los caídos y arriado de Banderas (USA y España) en el que pudo verse formados sobre el terreno a dos de las unidades mejor preparadas y conceptuadas en el ámbito internacional y oirse sucesivamente los himnos de la Legión y Cuerpo de Marines. El regreso a Almería se efectuó de similar forma que la ida aunque los problemas (sobre todo el número de averías) fueron menores y se solucionaron con más rapidez. Sin duda la experiencia de la ya famosa e histórica primera marcha larga con BMRs del 9 de mayo de 1996 empezaba a dejarse notar. Por último cabe destacar la extraordinaria labor desarrollada por el equipo de segundo escalón del Tercio que no descansó ni un segundo para hacer posible el traslado y movimientos de los BMR.

Ejercicios similares se han desarrollado anualmente, normalmente con el nombre de Betacom. Así en el Betacom – 97, llevado a cabo entre el 29 de mayo y 9 de junio de 1997 en el campo de tiro y maniobras Alvarez de Sotomayor de Almería, de nuevo participaron unidades del prestigio del Cuerpo de marines de EE.UU. junto con el Tercio Armada, la BOEL, las Fuerzas Aeromóviles, la BRIPAC y Unidades del Ejército del Aire español. La operación militar consistió también en una evacuación de residentes extranjeros de un país en plena guerra civil. Para algunas Compañías del Tercio, esto se tradujo en un helitransporte y la posterior ocupación y defensa de una línea, obligando a la resolución de incidencias: presencia de civiles en la zona, atentados, ataques de tipo guerrillero, ataques helitransportados.

En este sentido conviene aclarar que la 2ª Cía. de la VII Bandera, junto a la 7ª Cía. de la VIII Bandera no se integraron en las fuerzas destinadas a la ejecución del referido ejercicio, sino que actuaron de forma independiente y cumplimentando precisamente otras misiones y cometidos de lo más variado. Así se asumieron inopinadamente los más diversos papeles que iban desde simular ser miembros de las fuerzas armadas y policías de los países beligerantes (denominados bando naranja y azul) y de fuerzas paramilitares de estos mismos bandos, hasta elementos de grupos terroristas operantes en la zona pasando por personal civil nativo que adoptaba las más variadas actitudes y acciones (personal herido, pidiendo ser evacuado, residentes y visitantes ocasionales de la zona, en actitud hostil, manifestaciones, etc…). En definitiva, se trataba de hacer de enemigo con el objeto de alcanzar una ambientación adecuada a los propósitos del ejercicio.

Cartago 2000: legionarios en Túnez

Dentro del ambiente de colaboración de nuestro Ejército con otros de la zona del Magreb se celebró en agosto del 2000 el ejercicio de intercambio de comisiones Cartago 2000. Dichas comisiones eran unidades tipo Sección de fusiles que se desplazaron a los acuartelamientos respectivos de la VII Bandera Valenzuela en Viator y de la Agrupación de Fuerzas Especiales en Bizerta, Túnez. El ejercicio tuvo lugar entre los días 14 al 21 de l citado mes, ambos incluidos. La ida se efectuó en un C-130 Hércules tunecino mientras que el regreso fue a bordo de un CN-235 español. La composición de la Sección fue sencilla; una pequeña Plana (con la particularidad de un 2º jefe de Sección) y tres Pelotones de fusiles; en total 28 hombres. Cada uno de los Pelotones estaba compuesto por personal proveniente de todas las Compañías de la Bandera excepto la de Servicios.

La base militar, situada en Bizerta a unos 60 Km. de la capital, Túnez, disponía de instalaciones de diverso tipo, con la particularidad del buen estado en que se encontraban las dedicadas a la instrucción. Tres pistas de aplicación de distintos grados de dificultad, campo de tiro, polígono cubierto para tiro instintivo y un centro para instrucción con munición real de temas de golpe de mano y combate en población. Entre las actividades desarrolladas se presenció una interesante exposición de armamento y se realizó un paso de pista de aplicación con obstáculos y estaciones de transporte de heridos, lanzamiento de granadas, etc. Se hicieron temas conjuntos de emboscada, golpe de mano y limpieza de casas. En todos ellos se trabajó codo con codo con los tunecinos, probando su armamento y empleando su munición y granadas de mano de fogueo. Se intercambiaron también procedimientos y quedó patente la multitud de misiones que las pequeñas unidades de infantería ligera, como las de la Legión, pueden realizar.

Entre las actividades civiles se visitaron a las ciudades de Bizerta, Túnez, Hammament, Nabel y Sidi Busaid, las ruinas de Cartago y Utica y el parque natural de Itchkan, es decir, la parte turística de la costa y los principales monumentos.

De la crisis del Perejil al Chapapote

El 11 de julio de 2002 fuerzas marroquíes ocuparon la isla del Perejil, próxima a Ceuta. Se produjo una crisis entre España, que se volcó por la vía diplomática para restituir la soberanía de la isla, y Marruecos, que manifestó su intención de permanecer en el islote. El Gobierno español alertó al Mando de Operaciones Especiales (MOE) que designó a un Equipo Operativo del GOE Valencia III, al mando del Cte. García Navarro, Oficial que anteriormente había estado destinado en la Legión y que un año más tarde fue destinado al 3er Tercio.

Tras el fracaso de la diplomacia el Presidente del Gobierno dio luz verde a la intervención militar. El día D sería el 17 y la hora H las 06:00, un poco antes del otro. Por la tarde del 16 en la Comandancia General de Ceuta se alertaba al 2º Tercio para que al amanecer tuviesen previsto, tras la operación del GOE-III, ocupar y defender la isla. Esa misma tarde, al anochecer, en la BRILEG se recibía un reservado: Tener previsto un Grupo Táctico a partir de las 08:00 h para ser helitransportado a Melilla.

No se podía alertar a los legionarios, de momento, en evitación de que los servicios de inteligencia del país vecino pudieran sospechar de la inminencia de la operación de los boinas verdes. Pero a mitad de la noche se activó la red de alerta del Tercio D. Juan de Austria transmitiendo el siguiente mensaje: mañana incorporarse al cuartel con todo el equipo y mudas para salir de maniobras. Por su parte antes del amanecer se incorporaron el Jefe del GT, Tcol D. José García Valón, Jefe de la VIII, y los de Compañía para adelantarles detalles de ejecución al objeto de reforzar Melilla y tener presente su defensa caso de que se agravase la crisis con Marruecos con motivo del asalto previsto a la isla del Perejil.

Los informativos de primeras horas del 17 anunciaban la recuperación de la isla en una operación limpia, sin heridos ni muertos. Los marroquíes se rindieron y fueron trasladados a Ceuta donde en la frontera fueron entregados a la policía del país vecino. El 2º Tercio ocupó el islote. A las 9 horas salieron cuatro helicópteros Chinook desde la Base Alvarez de Sotomayor de Viator (Almería) en dirección a Melilla transportando a la 6ª Cía del Tercio. De nuevo la Legión auxiliaba a Melilla, en este caso no era el Tercio de Extranjeros sino el D. Juan de Austria. El resto del Grupo Táctico permaneció alertado varios días sin que al final fuera necesario su desplazamiento a la ciudad norteafricana. La crisis se resolvió favorablemente para España. La conclusión para el Coronel Bataller, jefe del Tercio, fue muy positiva: rapidez en reaccionar teniendo un GT dispuesto en dos horas para ir a combatir y lo que es más importante, los legionarios marchaban ilusionados, sin temor, ante la posibilidad entrar en combate, dispuestos a cumplir el Credo.

Y de la crisis del Perejil al Chapapote. La misma mañana de la festividad de la Inmaculada, Patrona de la Infantería, 8 de diciembre del 2002, inesperadamente se suspendieron los actos y, con apoyo del Ejército del Aire y en puente aéreo, se desplazaron desde el aeropuerto de Almería hasta el de Santiago más de 600 legionarios de la VII y VIII Banderas, (con refuerzos del resto de unidades de la Brigada de la Legión). En cuestión de dos horas se preparó el Grupo Táctico Valenzuela muy peculiar, pues no llevaba armas sino palas. Hacía poco tiempo que un petrolero (el Prestige) se había hundido frente a las costas gallegas y había desprendido miles de toneladas de fuel. El Ministro de Defensa por fín se decidió a enviar soldados a colaborar en las tareas de limpieza, esto es, la recogida del chapapote en una operación llamada Tormenta Blanca. El Tcol Angel Alvarez Jiménez, Jefe de la VII, fue el Jefe de este contingente de fuerzas legionarias.

Huelga decir que la ilusión brillaba en los ojos de las damas y caballeros legionarios, deseosos de participar en las operaciones de limpieza de una costa que sentían como suya, conscientes de que la misión que les esperaba no seria fácil y tendría mucho de ingrata. Alojados en los polideportivos de las localidades de Payosaco y Noia y en el acuartelamiento Sánchez Aguilera del Ferrol, sede del Regimiento de Artillería Antiaérea nº 76, que había sido disuelto apenas diez días antes y cuyos mandos se volcaron en atenciones. Al poco de llegar ya se esperaban con impaciencia las órdenes del Mando Regional Noroeste para empezar los trabajos.

Las playas asignadas fueron Campello, Vilar Smelle, Patin, Valeo, Frouseira, Rocundo, Ancora Doiro, Lariño, Dos botes, y Doniños, en ellas desplegaron entre 80 y 120 legionarios por playa desde poco antes de las 9 de la mañana hasta pasadas las 6 de la tarde. Se comía a pie de playa para ganar tiempo de limpieza, tal era la entrega al trabajo en una lucha dura e ingrata. Sin embargo, el sacrificio de los legionarios, bajo las adversas condiciones meteorológicas de viento y frío, no era recompensado, ya que la limpieza realizada en una jornada se veía deshecha con la subida de la marea y vuelta a empezar. Pero frente a la ingratitud del fuel estaba la recompensa moral de las muestras de cariño, el potaje gallego y el ribeiro que como refuerzo del rancho, llegaba de manos de los nativos de aquellas tierras, pendientes de hacer agradable la estancia de los legionarios en sus pueblos.

También resultó muy grato el saberse valorado por los profesionales en la limpieza de vertidos marítimos -franceses e ingleses- que pronto describieron la entrega de los legionarios y reclamaban la presencia, (principalmente de estas fuerzas), en sus áreas de responsabilidad. El viernes día 13, tras cinco días de intenso trabajo, cuyo rendimiento mejoraba día a día, con varios centenares de toneladas de fuel recogidas, llegó la hora del retorno a Almería. Los legionarios del Tercero habían cumplido una misión poco habitual pero muy gratificante: ayudar a limpiar las playas gallegas.

Resumen de ejercicios tácticos

Ver anexo

EJERCICIOS TACTICOS EN LA ÉPOCA DE ALMERÍA

AÑO MES DENOMINACIÓN UNIDADES ZONA OBSERVACIONES

1996 mar C. de Mando ACINF (Toledo) Ejercicio Eneas

1996 mar VII Chinchilla (Albacete) Ejercicio Beta

1996 mar VIII Almería Ejercicio Beta

1996 may Tercio 3º S. Gregorio (Zaragoza)

1996 may Astray – Matador VII S. Gregorio (Zaragoza) Ejército de EEUU

1996 sep – oct Matador PC´s de VII y VIII S. Gregorio (Zaragoza)

1997 mar Toro Tercio 3º León Zamora provincias

1998 mar Astray Preanzuelo VII y VIII S. Gregorio (Zaragoza)

1998 jun Strong Resolve VII y VIII S. Gregorio (Zaragoza) Ejército de EEUU

1998 jun Evaluación PLMM, VII y 6ª Cía Chinchilla (Albacete) Ejercicio Beta

1999 jun Astray –98 VII Chinchilla (Albacete)

1999 feb Astray -99 VII y VIII S. Gregorio (Zaragoza) Ejercicio Gamma

1999 abr Beta –100 2ª Cía Chinchilla (Albacete) Presencia de S.A.R.

1999 nov Colón 99 PLMM y VIII Chinchilla (Albacete) Ejercicio Beta

2000 feb Colón 00 PLMM y VIII Chinchilla (Albacete) Ejercicio Beta

2000 may G. T. Res –00 PLMM y VII Chinchilla (Albacete) Ejercicio Beta

2000 jun Valenzuela I -00 VII Chinchilla (Albacete) Ejercicio Beta

2000 ago Cartago –2000 Tercio 3º 1 Sc. Ejército de Túnez

2000 nov Valenzuela –00 PLMM y VII Chinchilla (Albacete)

2000 nov Tercio 3º ACINF (Toledo) Ejercicios Eneas

2000 nov Trueno 1ª Cía S. Gregorio (Zaragoza)

2000 dic Astr–2000 PLMM ,VII y VIII S. Gregorio (Zaragoza) Ejercicio Gamma

2001 may –jun Tizona –1 GT–100 S. Gregorio (Zaragoza)

2001 jun Cobisa –01 Tercio 3º ACINF(Toledo) Ejercicio Eneas

2001 oct Siacom –01 PLMM Zaragoza Cuadros de mando

2001 nov – dic Jointex Imet –01 PLMM y GT- 100 Retín (Cádiz) Infantería de Marina

2002 abr Melilla -02 1ª, 2ª Cías y Sereco Melilla En AGT Farnesio

2002 abr Astray GT-100 Chinchilla(Albacete)

2002 may- jun Dinamic – Mix – 02 Brileg-marines húngaros Gregorio (Zaragoza) Ejerc. multinacional

2002 jul Crisis perejil 6ª Cía Melilla Helitransporte

2002 sep Mountain Guardian VII (PLM y 1 Sc) Alemania

2002 oct Beta III/02 2ª 6ª y 10 Cías y V CTYM Chinchilla Ejercicio Beta

2002 nov Apoyo a Melilla S/GT(6ª,10ªCía PLMM) MELILLA Ejercicio Apoyo Melilla

2002 nov Farnesio –02 Un S/GT VIII CTYM Almería Ejercicio Beta

2002 nov Farnesio –02 1ª y 2ª Cía CTYM Chinchilla Ejercicio Beta 2ª fase

2002 dic Operación Prestige Tercio 3º Galicia Limpieza de fuel costas

2002 dic Maderal Oleaga Tercio 3º Laujar de Andarax Alm. Ejercicio Beta guerrillas

2003 ene Alfa GT-MAD 1ª Y 2ª Cías Cuevas Almanzora Alm.

2003 feb 6ª Y 10ª Cías Linares (Jaén) Combate en población

2003 febr 10ª Cía 1 Sc de la 6ª Cía ACINF (Toledo) Ejercicio Alfa -2

2003 mar VII y VIII Aerop.de Almería Prácticas aerotransporte

2003 mar Monje VII (Cuadros de mando) Melilla

UN TERCIO MULTINACIONAL: “DINAMIC-MIX 2002

Desde su incorporación a la BRILEG y, por tanto, a la Fuerza de Acción Rápida (FAR), y con la entrada de España en la OTAN y en el resto de estructuras militares europeas, el Tercio D. Juan de Austria, según lo dicho, inició una serie de ejercicios multinacionales tipo Matador o Betacom, trabajando codo a codo con sus homólogos europeos y norteamericanos y aportando unidades o recibiéndolas de otros Cuerpos de élite extranjeros (ver resumen de ejercicios tácticos). A modo de ejemplo, describo el último de estos ejercicios desarrollado en el 2002 y que me publicó la revista Ejército en ese año. De su lectura se puede deducir la forma de trabajar de un Tercio moderno, actual y preparado para integrarse en cualquier estructura multinacional de acuerdo con los compromisos de España tanto en la Defensa de Europa como en la de los valores del mundo occidental al que pertenecemos:

Con marines y húngaros

“El Tercio D. Juan de Austria se ha convertido en multinacional al integrarse en el mismo una unidad de marines norteamericanos y otra de húngaros durante el ejercicio Dynamic-Mix 2002 llevado a cabo en junio de 2002 en el campo de maniobras de San Gregorio (Zaragoza). Fue un ejercicio OTAN conjunto-combinado, es decir, en el que participaron fuerzas de los tres Ejércitos (tierra, mar y aire) y de varios países. A modo de curiosidad, la Brigada de Marines llamó la atención por disponer de una unidad aérea compuesta por varios tipos de helicópteros Super Stallion (CH-53), Super Cobra (AH-1W), Huey (HU-1N) y Chinook (CH-46), e incluso aviones Hornet (F/A-18-C). Además, contaba con un Batallón de construcción, Batallones orgánicos dotados de vehículos blindados con cadenas o sobre ruedas (AAV-7, LAV, M-1A1) y artillería M-198 de 155mm. Esta Brigada unos meses más tarde entró en combate en la guerra de Irak.

Obviamente, la participación húngara fue mucho más reducida. De hecho, con independencia del personal integrado en los diferentes Estados Mayores, aportaron tan solo una Compañía y una unidad logística pertenecientes ambas a la 5ª Brigada mecanizada, que pasaron a formar parte del Grupo Táctico Valenzuela de la Legión. Los húngaros trajeron consigo materiales tradicionalmente utilizados en el disuelto Pacto de Varsovia, esto es: vehículos blindados sobre ruedas BTR-80, camiones URAL 4320, vehículos ligeros UAZ 469, lanzagranadas RPG-7, ametralladoras pesadas de 14,5mm KPVT y ligeras de 7,62mm KPM, fusiles de precisión SVD, Dragunov, fusiles AK-63, etc.

La Brigada de la Legión sirvió de base a la Brigada multinacional desplazándose desde sus guarniciones de Almería y Ronda (Málaga) las unidades legionarias hasta el campo de tiro y maniobras de San Gregorio (Zaragoza). Aquí, según lo dicho, al Grupo Táctico Valenzuela, del Tercio D. Juan de Austria 3º de la Legión, se le incorporó una Compañía mecanizada de marines, (durante una de las fases) y otra Compañía de húngaros, durante los veinte días que duró el ejercicio. Curiosamente los marines a los pocos meses combatieron de “verdad” en la guerra de Irak y la mayoría del personal del D. Juan de Austria que participó en este ejercicio, tambien marchó un año más tarde a Irak, en el marco de una operación de paz, a relevar a marines americanos.

Por su parte, el Sistema de Mando y Control del Ejército de Tierra (Simacet) fue estrenado por primera vez sobre el terreno con ocasión de estos ejercicios. El nuevo sistema les permite a las unidades disponer en la pantalla de sus ordenadores de un mapa digitalizado del campo de batalla en el que se puede ver el despliegue tanto del resto de las fuerzas amigas como las del adversario. Para la conexión se recurre a las telecomunicaciones vía satélite. En este mapa cada unidad va volcando en tiempo real toda la información obtenida del enemigo y situando a sus fuerzas conforme avanzan. Con ello todos se aprovechan de la información ascendente, descendente y lateral emitida por los diferentes escalones. La Brigada de la Legión y con ella el 3er Tercio han sido, en consecuencia, la primera Brigada española en poner en práctica, con las tropas desplegadas en el campo, tan nuevo y efectivo sistema de mando y control.

Fases y despliegues

El Dynamic-mix se desarrolló en siete fases: una primera de despliegue en el que las unidades se trasladaron desde sus diferentes acuartelamientos hasta el campo de maniobras de San Gregorio. En el caso de los marines éstos realizaron previamente un desembarco en Tarragona, mientras que los húngaros vinieron desde su país en tren lo que les supuso cinco jornadas de viaje. Una vez en el campo se inició la segunda fase de adiestramiento interno que habría de durar una semana. Este periodo fue seguido por un cross training de cuatro días.

En el mismo se intercambiaron procedimientos operativos entre las unidades de los diferentes países, llegándose al día del visitante distinguido en el que acudieron máximas autoridades militares de la mayor parte de los países de la OTAN y, por supuesto, de España. La siguiente etapa duró cinco días durante los cuales fue ejecutada una acción en profundidad, con ataque, paso de línea, operación aeromóvil, establecimiento en defensiva y control de zona. Las dos últimas fases fueron la de repliegue de las unidades a sus acuartelamientos y la de mantenimiento del armamento y equipo una vez incorporadas a los mismos.

Introducirse en el campo de tiro y maniobras de San Gregorio y contemplar un despliegue de múltiples campamentos para albergar a los casi 5.000 soldados que intervinieron en esta zona, resultó impresionante. Primero estaban los Centros Logísticos de los marines, de los legionarios, de los húngaros y de las fuerzas aeromóviles. Una diversidad de modelos multinacionales de camiones aljibes, cisternas, grúas, contenedor de carga, frigoríficos, panificadoras,… podían verse no solo aparcados sino en movimiento de ida y regreso hacia los vivacs de las unidades apoyadas.

Ya en el interior, aparecían los puestos de mando de las Brigadas y a su alrededor, a varios kilómetros, los campamentos de las unidades de artillería, zapadores e infantería. Como es habitual en la Legión estos vivacs presentaban la forma de una tela de araña que desde el puesto de mando del jefe de la Brigada se iba extendiendo hacia los extremos, primero desplegando las unidades tipo Bandera o Grupo, y luego, con una configuración similar, desde el centro de las Banderas hacia la periferia, las unidades tipo Compañía y éstas, a su vez, irradiando las Secciones desde el puesto de mando del Capitán.

Entre los numerosos ejercicios realizados por las unidades de la Brigada de la Legión son dignos de destacar tres: el ataque a Puig Amarillo por el Grupo Táctico Valenzuela, las operaciones con helicópteros del Grupo Táctico Millán y el paso de línea llevado a cabo por la Brigada de Marines a la Brigada de la Legión.

Ataque a Puig Amarillo

Respecto al ataque del Valenzuela, pienso que fue la primera vez que actuaron dos Compañías de legionarios españoles sobre BMR, junto a una Compañía de marines embarcada en sus vehículos anfibios acorazados AAV, y otra de húngaros con BTR-80, todos ellos bajo el mando del Teniente Coronel Angel Alvarez, jefe de la VII Bandera del 3er Tercio. En un amplio frente de varios kilómetros las nubes de polvo que levantaban los numerosos vehículos al avanzar delataban, desde muy lejos, la presencia de las cuatro Compañías desplegadas en posición de combate.

Según lo previsto, la primera en llegar a las proximidades de Puig Amarillo fue la de marines, que tomó posiciones en unas pequeñas alturas para fijarse al terreno. A continuación inició el fuego con todas las armas de las que van dotados los AAV (ametralladoras pesadas LAG-40 y ametralladoras de 12,70 mm Browning), así como el de las armas colectivas (morteros de 60 mm, ametralladoras ligeras, etc.) para apoyar la progresión de sus compañeros españoles por el oeste y de los húngaros por el este.

Simultáneamente, intervinieron todos los apoyos de fuego procedentes del aire. Primero los obuses de 105 mm del grupo de artillería de la Legión. Descargas a las que se unían las procedentes de los obuses de 155 mm de la artillería divisionaria y de los marines. Por sí estos disparos fueran pocos, de repente surgía una oleada de helicópteros de ataque que, en perfecta coordinación con la artillería, aprovechaban un alto del tiro de la misma para aproximarse al objetivo y lanzar sus misiles aire-tierra. Al perderse de vista los helicópteros éstos daban paso a todo tipo de aviones de diferentes países de la OTAN para acabar de machacar el terreno donde supuestamente se encontraba el enemigo. Justo al desaparecer los aviones, de nuevo volvían a entrar en acción los artilleros.

Todos estos fuegos permitieron la aproximación de las Compañías españolas sobre BMR y de los húngaros sobre BTR, con una clara diferencia de procedimientos. Así, los blindados españoles se detenían en contrapendiente colocándose en posiciones con desenfilada de casco, desembarcando el personal a cubierto de las vistas y avanzando delante de los vehículos. Éstos, mientras tanto, les apoyaban con sus ametralladoras Browning de 12,70 mm. Los legionarios a su vez, daban saltos por Pelotones y Escuadras combinando el fuego con el movimiento, mientras las ametralladoras ligeras y los lanzagranadas C-90 les apoyaban por los flancos del despliegue de los fusileros. Los BMR se asomaban por la cresta de las lomas, disparaban y retrocedían, repitiendo esta operación continuamente.

Al alcanzar las alambradas y supuestos campos de minas de las posiciones defensivas enemigas, intervenía la Sección de los zapadores legionarios agregada al Grupo Táctico Valenzuela. Los zapadores, protegidos por los fusileros, se destacaban con sus largas pértigas explosivas, las empalmaban y empujaban hasta alcanzar el final del obstáculo. Luego retrocedían y, tras darle fuego a las cargas, regresaban a la brecha abierta para señalizarla y permitir el avance de sus compañeros de infantería. Estos tras cruzar los en hilera los pasillos abiertos, desplegaban de nuevo en guerrilla e iniciaban el asalto final hasta llegar a las trincheras.

La Compañía húngara, sin embargo, utilizó sus propios procedimientos de avance, muy distintos a los de los españoles. Así, los fusileros y los BTR siempre marchaban unidos tras desembarcar de los mismos. Primero, los infantes se situaban detrás de los vehículos para protegerse con su coraza y aprovechar el fuego de sus ametralladoras. Luego, a medida que se acercaban hacia el enemigo desplegaban a la misma altura fusileros y BTR, disparando aquellos sobre la marcha de a pie o, a lo sumo, adoptando la posición de rodilla en tierra para efectuar fuego. Solo en el último momento, cuando los BTR ya no podían seguir la marcha por encontrarse con obstáculos contracarro o alcanzar las trincheras, los fusileros pasaban delante de los vehículos para proceder al asalto.

En definitiva, una clara diferencia de procedimientos pues mientras, según he dicho, los legionarios avanzaban por saltos, combinando el fuego con el movimiento a nivel pelotones, escuadras o por binomios (cuerpo a tierra para disparar, pequeña carrera para avanzar, y así sucesivamente), recibiendo el apoyo de las ametralladoras pesadas de los BMR desde lejos, los húngaros avanzaban próximos a sus vehículos y sin los continuos saltos.

Asalto aéreo a Casas Altas

Por su parte el Grupo Táctico Millán realizó dos operaciones aeromóviles. Un asalto aéreo al poblado de Casas Altas del Castellar (una zona urbana del campo de maniobras de San Gregorio preparada para el combate en población) y la operación Pegasus, que consistió en un helitransporte a la zona norte del ejercicio para tomar unas posiciones a vanguardia. Aunque cualquier operación de este tipo siempre resulta espectacular me voy a centrar en el asalto aéreo por el protagonismo que hoy en día tiene en el combate urbano. En el mismo intervinieron tres Compañías, de ellas dos pertenecientes a esta unidad, una embarcada en cuatro helicópteros HU-21 del tipo Super Puma y otra en tres Chinook. La tercera se trataba de una Compañía de marines norteamericanos helitransportados en dos CH-46 (Chinook un poco más pequeño que el CH-47), un CH-53 (Stellión) y dos UH-1N biturbinas. Como helicópteros de ataque para proteger la formación aérea y apoyar con sus fuegos la toma de los ejemplares de transporte volaban seis BÖ-105 españoles, más dos AH-1 (Cobras) norteamericanos.

Escuchar como de repente todos estos medios ponían sus motores en marcha y empezaban a girar sus hélices con un ruido ensordecedor, supuso una buena ambientación para los legionarios y marines que en la base de helicópteros esperaban, repartidos por grupos, dispuestos para iniciar la acción. Una vez en el aire, desde el puesto de mando del jefe del Grupo Táctico, embarcado en un Chinook que volaba en el centro de la formación, podía contemplarse un cielo cubierto por toda la diversa gama de helicópteros españoles y norteamericanos anteriormente descrita. Yo por fortuna, me encontraba también embarcado en un helicóptero observando el desarrollo el ejercicio. Una sensación de aventura, de riesgo, de satisfacción, se podía adivinar en aquel personal embarcado, con el casco puesto y el arma apuntando hacia el suelo.

Muchos kilómetros antes del llegar al objetivo, los helicópteros empezaron a volar a muy baja cota, por el interior de las vaguadas, para evitar ser detectados. Los continuos giros, siguiendo las curvas del terreno, aumentaban la emoción por las bruscas inclinaciones que asumían. De repente, por detrás de unas cotas próximas a Casas Altas, aparecieron los seis BÖ-105 y los dos Cobras, iniciando el ataque dirigido hacia donde se localizaban las armas enemigas que rodeaban la población. Los pilotos pusieron a prueba su adiestramiento realizando continuos y espectaculares vuelos en picado.

Gracias a este apoyo de los helicópteros de ataque, los de transporte pudieron tomar tierra sin problemas, retirándose tan pronto como desembarcó el personal. Legionarios y marines, codo con codo, iniciaban los combates en el interior del perímetro urbano, en una operación relámpago, avanzando por las calles, aprovechando los muchos vehículos abandonados que existen en las mismas como parapetos para apoyar el avance, registrando casa a casa y practicando los procedimientos de lucha en urbana.

En definitiva, si los legionarios ya estaban acostumbrados a colaborar en anteriores ocasiones con los marines norteamericanos, no resulta tan frecuente trabajar conjuntamente con un país que en su día perteneció al disuelto Pacto de Varsovia. Por ello fue curioso ver desplegar juntos a los BMR españoles y a los BTR húngaros, o ver disparar un lanzacohetes C-90 junto a un lanzagranadas RPG-7, o una línea de tiro de españoles haciendo fuego con el AK de patente rusa y a los húngaros disparando con el HK alemán de nueva adquisición por el Ejército español. Lo cierto es que con el Dynamic-mix el Tercio D. Juan de Austria no solamente estuvo a la altura de las circunstancias, sino que proyectó hacia el exterior una magnífica imagen del Ejército español”.

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