DEL NORTE DE ÁFRICA AL ÁFRICA OCCIDENTAL: SAHARA, 1958-1975

LA CIUDAD SANTA DE SMARA

Smara: lugar de juncos

La ciudad de Smara, palabra que significa Lugar de juncos estaba situada sobre el Uad Zeluan afluente de Saguia El Hamra. Su origen se remonta a finales del siglo XIX (1899) cuando el Chej Ma El Ainin, el llamado Sultán Azul, hijo predilecto del gran Marabut Mohamed Fadel Ben Maminna que se estimó descendiente de Fatimetu, hija de Mahoma, construyó una alcazaba y una mezquita que no llegó a terminarse plantando un palmeral y estableciendo el cultivo de cereales. Feliciano Ruiz, en su libro Selam Alicum describe así Smara:

«Barco encantado, si…, ¡bella Smara! Menor, pero más airoso y marinero que el destartalado Aaiún. Además, no está arrumbado como éste en dique seco. A poco que el viento de la fantasía, tan frecuente por estas latitudes, sople, se le siente navegar, ora grácil sobre las rubias olas de esta mar de arena. Ora vaporoso y como soñado, poniendo rumbo al cielo desde las aguas que un milagro del sol hace nacer de la tierra… Y pegados a la Alcazaba, los cuarteles del Tercio. Contrasta su hechura moderna y viva, con la vetustez de las ruinas nobles de piedra de esta dama mora. No rompen las blancas cúpulas semiesféricas de sus naves de una planta, la armonía del conjunto: se integran graciosamente en él, cual bandada de palomas blancas que, sobre una duna, entrarán en formación a la voz del mando.

Al sur del cuartel de Nómadas se encuentran las oficinas del Gobierno y de la Policía Territorial. Las construcciones son parecidas a las del Tercio. La fantasía que campa tan a sus anchas por estos pagos, tiene prohibido el paso a los estudios de los arquitectos que diseñan los planos de estos edificios. No debe ser por falta de imaginación de esos señores, sino, tal vez, porque se haya dado con la solución ideal, y acaso única, de viviendas a la vez económicas y frescas, es decir, factibles y habitables, en este cotidiano infierno con temperaturas de más de cincuenta grados a la sombra.

Alcazaba y cuarteles se alinean en la orilla derecha del Zeluán: cauce de arena ancho y sediento que, desde Mauritania, busca hacia el norte la salida a la Saguia. Llega a Smara desharrapado, pero su sed y penuria no le impiden ser rumboso. Nada más saludarla, ya le hace un regalo regio: deja, galante, a sus pies, un hermoso bosquecillo de palmeras. Continúan el paseo juntos y, al despedirse, Smara, nada original pero no menos espléndida, obsequia al río con otro grupo de palmeras gemelo del primero».

La VII y VIII desde su llegada al desierto se fueron turnando cada ocho meses en la guarnición de esta ciudad santa. Ello ocurrió hasta diciembre de 1964, fecha en la que el Tcol. Lago, Jefe de la VII, solicitó al Sr. Coronel (y éste se lo aprobó) el que la Valenzuela estuviera de guarnición permanentemente. Lo cierto es que a partir de ese momento el destacamento de Smara, fue conocido como el Cuartel de la VII, inició una serie de obras de mejora del acuartelamiento que lo convirtieron en modelo de otros similares repartidos por todo el territorio. Smara estuvo muchos años ligado con Víctor Lago Román, que fue testigo de su temple, de su espíritu sin igual y de su generosidad. El acuartelamiento de su VII Bandera que él construyó con su esfuerzo y el de sus legionarios, era digno de admirar, no en balde el Tcol Lago se ganó el cariñoso sobrenombre de conde de Smara. Su Bandera dominaba el desierto desde Smara a Mahbes y desde el Farsía hasta Amgala.

A Smara, en 1971 se llegaba después de seis horas largas de viaje en guagua. Una especie de microbús que saliendo del Aaiún a las seis de la mañana, con frío, llegaba a las doce, más o menos, con calor, con mucho calor. Entonces ya era un cuartel modelo, en donde no faltaba ni sobraba nada, en donde los detalles estaban todos previstos. Sólo sería deseable que el río Zeluan, que circundaba Smara, llevase agua, pero eso sería como pedirle peras al olmo. Lo curioso es que tratándose de un lugar en pleno desierto se vivía dentro del acuartelamiento como si casi no lo fuera, pues para ver, notar, y palpar el desierto había que salir y rebasar los límites del cuartel. Parecía un oasis, un oasis artificial, hecho por la mano del hombre, del legionario, logrando que terminada la instrucción, al regreso de las patrullas, de vuelta de los reconocimientos o finalizados los convoyes, se encontrase aquí un remanso, un magnífico lugar de descanso, con todas las comodidades que han resultado hacederas.

Aquí el legionario, no carecía de nada de forma absoluta, eso sí, lo disponible se encontraba en su justa medida, sin excesos. Ejemplo, existía desde un tren de lavado, donde el legionario podía lavar toda su ropa, hasta un lugar tranquilo donde oír música, leer y escribir sosegadamente en silencio, sin tener que aguantar incordios de nadie, pasando por un comedor limpio y aseado, sala de duchas, lavabos con agua fría y caliente. ¿Calor? Si, dependiendo de la época del año. En invierno más bien hacía frío, sobre todo, al amanecer y a la puesta de sol. Luego, al mediodía, apretaba un poco más, llegando incluso a ser agobiante.

Construyendo un cuartel

El entonces Capitán Fernández Tenreiro nos recuerda como se empezó a construir el cuartel de Smara:

«Estando destacado en Smara, al mando de la 3ª Cía de la VII Bandera, cuyo jefe era en aquel entonces el Cte. Timón Lara, teníamos como cuartel la Alcazaba del Sultán Azul y desde allí nos desplazábamos a las proximidades a un lugar donde empezamos a construir lo que sería el acuartelamiento en que, posteriormente, tantas mejoras aportó el Tcol. Lago. Pues bien, estabamos trabajando en la cimentación cuando se desencadenó un fuerte sirocazo, tal es así que según los indígenas hacía muchos años que no hubo otro igual. Fueron unos días de un calor impresionante los que siguieron.

Un día al pasar revista de enfermería y leer el libro de reconocimiento, me llamó la atención el número desproporcionado de legionarios apuntados. Le pedí informes al Teniente médico, de reciente incorporación, sobre aquel hecho que consideraba anómalo, y le dije que tuviera cuidado, pues el legionario se las sabía todas y, a lo mejor, se aprovechaban de su novatez. Entonces me manifestó que se apuntaban a reconocimiento con razón y que debíamos tener cuidado todos, pues nos estabamos deshidratando sin darnos cuenta. Tanto es así, que no tuve más remedio que ordenar trabajar de noche pues, gracias a la espléndida luna, se podía realizar perfectamente. Así se fueron poniendo los cimientos de lo que sería luego el cuartel de Smara».

Alternando con ejercicios, destacamentos, maniobras, etc… se realizaron en el Sector los trabajos de acondicionamiento que hicieron el acuartelamiento de Smara motivo de admiración para las numerosas personalidades que con cierta frecuencia lo visitaban. Entre estas visitas es obligado mencionar las que a continuación se refieren.

14 de diciembre de 1967, visita de inspección del General 2º Jefe del Sector. 11 de junio de 1968, visita del General Subinspector de la Legión De la Torre Galán (antiguo Jefe de la IX Bandera). 20 de septiembre de 1968, visita del Ministro de Información y Turismo D. Manuel Fraga Iribarne. 12 de diciembre de 1969, visita del Teniente General Jefe del Estado Mayor del Aire, acompañado por el General Gobernador Militar del Territorio del Sahara. 16 de enero de 1970, visita del Ministro del Aire. 14 de febrero de 1970, visita del Ministro del Ejército, acompañado por el Teniente General Jefe del EMC del Ejército. 30 de octubre de 1970, visita de inspección del General Subinspector de la Legión, Macías Serrano. 11 de marzo de 1972, visita del Excmo. Sr. Capitán General de Canarias D. José María Pérez de Lema y Tejero. 12 de enero de 1973, visita del Teniente General Jefe del Estado Mayor D. José Díaz Alegría. 7 de septiembre de 1974, visita del Ministro del Ejército D. Francisco Coloma Gallego (antiguo Jefe del Tercio).

Recuerdos de Smara

Veamos seguidamente que recuerdos guardan de Smara un Cabo 1º que llegó en 1958 y un Teniente que lo hizo en 1962. El Cte. García Chica nos cuenta su llegada a Smara:

«En el mes de noviembre de 1958 fui destinado como Cabo 1º a la 7ª Cía de la VIII Bandera, en Smara. La Bandera la mandaba el Comandante D. Felix de Paz Garnelo, en su ausencia y de manera accidental el mando recaía en el Capitán D. Wenceslao Larrea Alonso. Mi Cía, la 7ª, estaba bajo las órdenes del Capitán C.L. D. Alois Whit Reht (no sé si se escribe correctamente así), estaba mutilado de una mano. Los Tenientes de mi Cía eran, D. Ramón Bescos Vázquez, D. Juan Falcó Celi y D. Juan Palma del Moral.

La Bandera se encontraba alojada en dos acuartelamientos, el Fuerte y la Alcazaba, que por no disponer, no teníamos ni luz eléctrica, pero vivíamos contentos y felices. En el Fuerte, estaba mi Cía y otra más que ahora no recuerdo, Mando de Bandera, Residencia de Oficiales y Suboficiales y el Economato de la Policía Territorial, donde dentro de la carestía se podía comprar con cierta recomendación los productos más novedosos de la gastronomía.

A pesar de todas las carencias que teníamos, el Cte. Paz Garnelo era muy estricto. Programa de instrucción, ejercicios de tiro, servicios a rajatabla, convoyes. Cuando faltaban víveres, se organizaban salidas de patrullas para cazar. Incluso se nombró un servicio de vistas, a cargo de los Cabos1ºs, que consistía en tomar nota de todos los artículos que se consumían en la cocina de tropa, y entregarle a él personalmente la relación al toque de oración. Y una manía, todos los escritos procedentes de El Aaiún, firmados por el Tcol. Mayor, ni los leía, ni los cumplimentaba, pues decía que con arreglo al Reglamento de Detall y Contabilidad, toda unidad que se encontrase destacada a no sé cuantos kilómetros, los escritos tenían que ser firmados por el Sr. Coronel. De todas formas era un Jefe del que guardo un gran recuerdo, recto pero dando ejemplo permanentemente o sea era de los que crean escuela y deja huella».

Por su parte, el Coronel Carlos García-Mauriño Ramírez, nos recuerda su llegada a Smara cuando era Teniente:

«A finales de 1962 el Tercio sahariano Don Juan de Austria, estaba formado por las Banderas VII y VIII, una de ellas destacada en Smara, el I Grupo de Caballería Legionaria (en el fuerte Chacal de Edchera) y que se alternaba en el servicio en el interior del Territorio con el II Grupo del Cuarto Tercio, una Batería Legionaria y la Plana Mayor. El Coronel era Don Antonio Galindo Casiellas, el Mayor el Teniente Coronel Barrena y el Comandante Ayudante Don Fernando Valdés. La VII Bandera estaba mandada por el Comandante de Infantería D. José Barrientos, que tenía como ayudante al Teniente Rivera, de Infantería.

Las Compañías tenían los mandos siguientes: la 1ª el Capitán ¿Vea?, Legionario; la 2ª el Capitán de Infantería Don Fernando Ávila; la 3ª el Capitán Maillo, Legionario; la 4ª el Capitán Valerio, Legionario. No se la causa de que se rompiera, en ese momento y en esta Bandera, la tradición o la regla de un Capitán Legionario por Bandera y un Teniente Legionario por Compañía, los Suboficiales eran todos legionarios.

Apenas habían transcurrido unos pocos meses cuando toco relevar a la VIII Bandera en el destacamento de Smara, en el corazón del desierto a 360 kilómetros del Aaiún. El Comandante Barrientos, me comunicó que sin dejar mi servicio en la 3ª Compañía, tenía que relevar al Teniente Alonso Baquer en el mando de la unidad de automóviles de la Bandera, conocida vulgarmente como la Transportada, dada mi condición de especialista en automovilismo. Con Alonso Baquer había coincidido en la Academia General Militar, el de la XIII y yo de la XIV, y sabía de su valía por lo que era un reto el mantener la Transportada a su nivel. Se hizo lo que se pudo. También me informo que llevaría Víveres, por lo que se me acumuló, sin opción a protesta alguna, el trabajo.

El primer reto fue el de ejecutar, siguiendo la orden de marcha dada por el Comandante de la Bandera, el traslado de la unidad a Smara. La orden tenía previsto que la Bandera utilizase sus propios medios, sin pedir refuerzo de vehículos a la unidad de automovilismo del Sahara, ajena al Tercio y al mando del Teniente Coronel Bulnes de Caballería, y se dividía en dos etapas, en la primera jornada se recorrerían al menos las 2/5 partes del trayecto, de éstos 2/3 antes de comer, dejando el último tercio para la tarde. A la mañana siguiente se reanudaría la marcha al amanecer, finalizando el relevo antes de la hora del rancho, que se distribuiría en caliente en el acuartelamiento de Smara.

El dividir la marcha en dos jornadas tenía por objeto, por un lado, que dos unidades no coincidieran en el mismo acuartelamiento y, por otro había que tener en cuenta el estado de los vehículos, land rover cortos y camiones Ford K, más algún que otro Dodge 3/4 (excelente vehículo para el desierto pero los que teníamos eran de un modelo ya obsoleto). Con los Ford K había que tener mucho cuidado, pues al no ser vehículos todo terreno se quedaban atascados en la arena y si las rodadas de la llamada pista a Smara eran muy profundas no podían circular por ellas. En definitiva se trataba de un medio de transporte totalmente inadecuado para el desierto, pero eran los medios que teníamos y era necesario sacarles el mayor partido. La marcha y el relevo se efectuaron sin novedad y la VII Bandera quedo instalada en Smara en su penúltimo relevo».

1962: Un paseo por el interior

El entonces Teniente García-Mauriño vio en 1962 el cuartel de Smara a su llegada al mismo por primera vez y nos describe como era por dentro:

«El cuartel de la Legión, situado en el punto más alto de Smara y enfrente de la Alcazaba (de la que la separaban escasamente unos 50 metros), se componía de un amplio recinto cerrado por un muro de adobe, con tres entradas por la parte norte. Más allá y a un nivel más bajo estaba la pista de aterrizaje y se dominaba la pista del Aaiún, con el Gor El Berg al fondo. En la puerta principal, la central, había un arco con el lema de Todo por la Patria, el distintivo de la Legión y con letras pintadas en azul, creo recordar, la consigna de: Legionarios a luchar legionarios a morir.

Tras atravesar la puerta principal estaba al este (a la derecha, según se entraba), el cuerpo de guardia, servicio que prestaba un Suboficial o un Cabo Primero. Y más allá, siempre al este, mando y unos locales dedicados a diversos usos que fueron evolucionando con el tiempo, hasta convertirse en el despacho de los Comandantes segundos jefes y oficinas de la tercera y cuarta Sección, al mando de un Capitán cada una. Como quedó dicho estas ampliaciones de despachos y oficinas se hicieron unos años más tarde pues la plantilla de la Bandera inicialmente solo contemplaba un Comandante jefe, cuatro Capitanes y quince Tenientes al llegar a Smara en el año 1963, luego vino la inflación, elevando el Jefe de Bandera a la categoría de Teniente Coronel, con un Comandante 2º Jefe y dos Capitanes, uno en la Plana Mayor de Bandera.

Siguiendo hacia el este se encontraba la entrada de vehículos, con su barrera de identificación, y el depósito del material móvil de la Transportada. Cada vehículo tenía marcado su lugar de aparcamiento, con unos sombrajos de paja para protegerlos del radiante sol sahariano. Dentro del recinto de la unidad de transporte estaban sus dependencias, oficina, taller, almacén de repuestos y herramientas. Los conductores y mecánicos dormían en sus respectivas Compañías.

De frente caminando hacia el sur, a la izquierda estaba el comedor y bar de Oficiales y a la derecha el comedor y bar de Suboficiales. Paralelos a ambos y más al sur, en la misma colocación, las residencias de Oficiales y Suboficiales. Todas las edificaciones descritas hasta ahora eran del tipo de los llamados huevos, que consistían en unas paredes de adobe con un techo abovedado que por el exterior parecía un huevo cortado a la mitad.

A continuación se entraba en el patio de armas, que estaba cerrado al este y al oeste por los catenarios (llamados así por ser una edificación construida por el desarrollo de una curva catenaria), que hacían las veces de barracones para la tropa legionaria. Había dos por Compañía excepto la cuarta que solo disponía de uno. El último de la fila de la izquierda era el almacén de víveres. En total existían cinco a cada lado y uno de grandes dimensiones (autentica obra de arte de la ingeniería militar), cerrando por el sur el patio, donde estaba situado el mesón del legionario.

En este patio de armas, formaba la Bandera para las listas de diana y retreta, al final de esta última se cantaba el himno oficial de la Legión en posición de firmes y la canción del legionario en posición de descanso, se daban los tres gritos reglamentarios con el gorro en la mano izquierda y el brazo en alto y se cerraba el acto mientras la banda de cornetas y tambores tocaba una variada retreta. También se utilizaba este patio para las formaciones previas a la salida de instrucción, con posterior desfile y salida por la puerta sur hacia el campo de fútbol y el campo de tiro, y para la revista de los sábados.

Detrás de estos catenarios de la parte este había otros dos, orientados de norte a sur, donde se alojaba el Escuadrón del Grupo de Caballería legionaria. En la zona posterior de las edificaciones de la parte oeste y sur había distintas dependencias que albergaban material diverso, grupo electrógeno, carpintería, cocinas y demás servicios. A continuación de la Transportada, hacía el sur, estaban las letrinas y las duchas de tropa, de tal forma dispuestas que el agua utilizada para ducharse servía de agua corriente para las letrinas, amén del agua propia de cada letrina, con lo que se evitaban los malos olores y se lograba una buena higiene (que para sí quisieran muchos establecimiento públicos).

Mas al oeste de la Transportada estaban el Tercer Escalón (dependiente de la la jefatura de automovilismo del territorio) y el destacamento de Intendencia con su horno de pan para el abastecimiento de toda la guarnición de Smara. Al frente del destacamento de Automovilismo, se encontraba un Alférez o Teniente especialista, (de sobrenombre las tuercas, como apodo cariñoso) y de las tropas de Intendencia un Teniente o un Sargento.

Las tuercas de turno, se relevaba con frecuencia, tenia alojamiento en su dependencia, pero solía hacer sus comidas diarias en la Residencia de Oficiales de la Bandera, por lo que estaba muy unido a los avatares legionarios, eso sin contar las veces que pasaba por la Transportada a solicitar los servicios de los mecánicos legionarios, puesto que en muchas ocasiones su personal, un Suboficial mecánico y soldados de reemplazo, no tenía la suficiente preparación para efectuar alguna de las tareas que necesitaban los vehículos que le mandaban a reparar. Los vehículos de la Bandera, aunque en el parte oficial figurase como trasladados al tercer escalón, se reparaban y sustituían las piezas en el taller de la Transportada, (al menos durante los cuatro años en los que permanecí al mando de la unidad). El motivo era que legalmente la unidad de transporte de la Bandera solo contaba con capacidad para las reparaciones enmarcadas en los dos primeros escalones de reparación de vehículos (cosas de la burocracia).

Hasta se llegó a encamisar los cilindros de los land rover y dodges, en un afán de recuperar la compresión necesaria para su servicio, pues la arena del desierto hacia como de esmeril o lija dentro del cilindro y el motor perdía la fuerza necesaria para desarrollar su cometido, ya que por mucho que solicitases la baja ó sustitución del vehículo dañado el resultado era el siguiente: no sabe no contesta. Como me dijo con ocasión de una revista el Teniente Coronel Bulnes, Jefe de Automovilismo del Sahara: Tú no dejes de pedir, que alguna vez nos tendrán que hacer caso. Un cambio importante fue el retirar los Ford K y crear una unidad de transporte, de camiones Reos, muy aptos para circular por el desierto, lo que nos permitió casi multiplicar por tres la velocidad de las unidades en la zona. También y de forma simultánea nos entregaron, casi nuevos, unos land rover Santana 109 largos, muy prácticos y eficaces, esto debió ser, allá por el final del año 1.964 o comienzos del año 1.965.

En la parte este del acuartelamiento había una gran explanada, donde se hacía la gimnasia y estaban unas canchas de baloncesto, y fosos para saltos, en uno de los extremos el botiquín y la enfermería. En la parte norte una puerta de vehículos. Al final, más al este, existía una construcción aún sin inaugurar, destinada a casa de descanso o recreo del legionario. En la planta baja había un bar y un salón y arriba habitaciones con bidet. Vulgarmente en toda España a ese tipo de establecimientos se les conocía como casas de lenocinio. Fue abierta hacia septiembre del año 1965, se trajeron de Las Palmas una encargada, ya entrada en años, gorda y que tenia casi abandonada la profesión (creo que su actividad en Smara fue notable), y cuatro o cinco pupilas, que querían emular a la Madelón.

El funcionamiento del local lo supervisa un Cabo 1º (según dicen se ponía las botas) que daba parte diario al Teniente Ayudante (que a su vez no se comía un rosco, por imperativo legal), se prohibía la entrada a Oficiales y Suboficiales y personal ajeno a la Bandera. El resto de la guarnición que se arreglase como pudiera.

El Teniente Médico pasaba revista diaria a las féminas, y parece ser que sobrevivió a intentos de soborno en especie, ya que de no trabajar, los ingresos durante la puesta en cuarentena disminuían notablemente. El pater de la Bandera (creo que era entonces el Teniente Cañones), escribió protestando a toda la jerarquía religiosa y al cabo de más de un año llegó la orden de cierre. Los gritos e insultos al sacerdote por parte de las trabajadoras enviadas al paro, en el momento de marchar, aún deben de resonar en los confines de Smara.

En esta explanada oeste se edificaron posteriormente las cocinas, una por Compañía, y estaba en proyecto el cine, se mejoraron las canchas de juegos, y en la parte norte pegado al muro, se construyeron edificios para las oficinas de las Compañía y depósitos para furrieles».

FUERTE CHACAL Y OTROS DESTACAMENTOS EN EL DESIERTO

Edchera y su Fuerte Chacal

El Grupo Ligero Blindado I de la Caballería del 3er Tercio solo estuvo al principio en Rayen Mansur y al final de su etapa sahariana en Sidi- Buya (Aaiún) pues gran parte de su estancia en el desierto permaneció destacado en La Hagunia, Mahbes, el Farsia, Edchedeiria y sobre todo Edchera, donde existía un fuerte tipo medieval, de forma cuadrangular, con altas murallas de adobe de barro y una torre redonda en cada esquina provista de una ametralladora y un foco de luz. Así nos lo describe el General Mariñas.

«Edchera era conocida antes de la guerra de Ifni-Sahara de 1957-58 como un pozo de caudal poco abundante y de agua salobre, con palmeras situado en la orilla norte de la Saguia el Harma. Posteriormente el lugar adquirió gran notoriedad tras los combates que allí se sucedieron en aquella guerra en los meses de enero y febrero de 1958. Después, a unos metros del pozo, se situó un vértice astronómico del mapa 1:500.000, vértice que recibió aquel nombre. A partir del 1961, se inició la construcción de un fuerte que adquirió su máximo esplendor e importancia en la década de los 70. Edchera y su Fuerte General Pérez de Lema, más conocido por su denominación no oficial de Fuerte Chacal , como le llamaban los legionarios, constituyeron un hito muy importante en la historia de La Legión».

Durante mucho tiempo, el refuerzo de la guardia consistía en cuatro perros que al toque de oración eran conducidos al cuerpo de guardia por sus cuidadores o machacas correspondientes, turnándose entre los varios perros que disponía el Grupo de Caballería, motivo por el que cada día eran nombrados en la Orden del Cuerpo los que entraban de servicio. Estaban atados a un alambre que iba de una esquina a otra del fuerte por su parte externa, pudiendo alejarse hasta 20 m. Con sus ladridos y posible mordisco no había quien pudiera entrar ni salir sin pasar desapercibido.

El Fuerte de Hausa

El Castillo de Hausa, altivo, enigmático y solitario, encaramado a ese extraño montículo emergente en medio de la Sahia, era ya viejo cuando fue testigo singular de la llegada del Islam a estas tierras. Cerca estaban los abandonados habitáculos del antiguo alojamiento de una Compañía del Tercio y tras una lomita, pasado el uad, el fuerte Hausa. Blanco, cuadrado, bajito y robusto, era habitable, funcional, limpio y estratégicamente ubicado. Pasada la desembocadura del uad Hanquel el Quesad, y subida una pequeña pendiente, se llegaba a los dominios del fuerte.

Formaba parte de su guarnición, la Policía Territorial del Sahara. Como curiosidad cabe decir que sus mandos eran militares europeos y sus misiones políticas y de salvaguarda de la convivencia, con y entre la población nativa. Normalmente no se presentaban casos de difícil solución. Sin embargo, cuando se trataba de conflictos entre nativos, la inmensa mayoría eran resueltos por el caíd, equivalente a nuestro juez de paz, que tenía la última palabra. Este importante personaje era un profundo conocedor del Corán, y especialista en la interpretación de sus versículos referentes a la justicia. Se inspiraba ésta, preferentemente, en la ley del talión, y era pródiga en castigos corporales.

Hagunia, Guelta Zemmur y Messeied

Hagunia, a orillas del uad de su nombre, que continúa hacia el oeste con el nombre de Marmuza, fue siempre un punto de gran importancia táctica ya que su posición aseguraba las pistas que procedían de la frontera. El uad era escarpado, y, por lo tanto, muy difícil de cruzarlo por las unidades motorizadas. Sólo había dos pasos, en el mismo Hagunia y en Hasi Greibil, unos 26 Km al este

Hagunia fue tomada al asalto el 18 de febrero de 1958 por fuerzas de la II Bandera de la Legión, unidades de Caballería y una Compañía de Paracaidistas del Ejército del Aire. Con el tiempo, el Comandante Florencio Apellániz, jefe de gran prestigio, construyó un fuerte en este lugar que, años más tarde, fue sustituido por otro más moderno en la orilla norte y que estaba guarnecido por una Compañía de Tropas Nómadas.

Los montes Zemmur constituían una extensa zona quebrada, gran parte de ella se encontraba en Mauritania y el resto en nuestro Sahara, donde estaba el puesto de Guelta Zemmur y el embalse natural del mismo nombre. La región era muy accidentada, con numerosas mesetas y mogotes de poca elevación, aunque de difícil tránsito, por la gran cantidad de barrancadas que presentaba.

Por su parte, Messeied era un antiguo puesto militar español en la zona sur del Protectorado, bien dotado de agua dulce y permanente a escasa profundidad, nudo importante de pistas donde se unían la de Tisgui Remz, desde el este, y la de Tantán, en el oeste, para dirigirse a Villa Bens o a El Aaiún.

Seguidamente vamos a ver las tres unidades del 3er Tercio que nacieron en el Sahara, el Grupo de Caballería, la Batería de Artillería y la Compañía de carros, todas ellas ya desaparecidas desgraciadamente. Por último tocaré de pasada las unidades helitransportadas, la de transporte y la de operaciones especiales.