Medallas Militares y Anecdotas

LA VII, VIII y IX EN LA GUERRA CIVIL

MEDALLAS MILITARES

Al hablar de las condecoraciones militares, individuales y colectivas, así como de los hechos heroicos que motivaron su concesión, y no digamos ya de los caídos, me han quedado muchos nombres y acciones en el tintero, en especial en lo que respecta a la IX Bandera. Espero que algún lector aporte información al respecto en este libro abierto.

De la “Valenzuela”

Las principales condecoraciones militares colectivas otorgadas a la VII Bandera, fueron dos Medallas Militares. La primera concedida según orden circular de fecha 7 de mayo de 1937 (Boletín Oficial nº203) por los méritos contraidos en la batalla del Jarama y especialmente en las operaciones del Espolón de Vaciamadrid (Madrid) durante los días del 17 al 21 de febrero de 1937. La segunda según orden circular de fecha 1 de julio de 1940 (Boletín oficial nº150) por su destacada actuación en la guerra civil con la División Navarra. Además de las dos Medallas Militares citadas con anterioridad, el Guión de la Bandera ostenta la Cruz de Guerra francesa con palma de oro concedida por Francia el 28 de julio de 1926. Dicha distinción conmemora las operaciones franco-españolas que se desarrollaron con incuestionable éxito en territorio africano por aquellas fechas, especialmente durante el desembarco de Alhucemas y posteriores acciones.

En cuanto a las Medallas Militares Individuales, el personal de la VII Bandera distinguido con su concesión lo fueron el Capitán D. Juan Ramírez Domínguez (concedida el 30-11-28), Sargento. D. Antonio Hidalgo Aguilar (el 05-04-37), Teniente D. Bernardo Menéndez Pérez (el 27-08 37), Capitán D. Manuel Sanjurjo Carricarte (el 28-03-38), Alférez D. Fernando Cantalapiedra y Fernández de Toledo (el 09-12-38), Cabo D. Jesús Cameselles Lago (el 05-05-39), Capitán D. Jaime Milans del Bosch y Ussía (el 26-08-39).

Por último a la VII Bandera se le han concedido las siguientes Cruces: 1331 Cruces de Guerra. 1422 Cruces de Campaña y 1555 Cruces Rojas.

De la “Colón”

Las máximas condecoraciones concedidas a personal de la VIII Bandera han sido las siguientes Medallas Militares Individuales: Teniente D. Inocencio Kadar Szas (19-12-36, Boadilla, Majadahonda), Alférez D. Juan Bautista Buelgas Suárez (4 y 10 del 11-37, Cuesta de las Perdices). Propuestas que no prosperaron: Medalla Militar Colectiva VIII Bandera (10-11-36, Barrio de Usera), Medalla Militar Individual Teniente. D. Enrique Balaca Navarro (27-08- 37, Ciudad Universitaria).

Cabe destacar que en la VIII Bandera un Jefe de la misma murió al frente de esta unidad. Fue el Capitán D. Manuel de Obeso y Pardo. Había tomado el mando el 24 de febrero de 1937 y falleció ese mismo año, el 10 de julio, en la batalla de Brunete. Así ocurrieron los hechos: Ante la situación favorable creada por el Ejército nacional en su victorioso ataque por el norte, el mando republicano reaccionó con una ofensiva sobre el sector Brunete. El día 9 de julio de 1937 la Bandera, que se encontraba concentrada en Toledo, se trasladó urgentemente hasta Villaviciosa de Odón y al amanecer del día 10 recibió la orden de ocupar el Cerro de los Mosquitos. El Capitán Obeso dió las órdenes oportunas y el cerro se conquistó sin encontrar resistencia. Cuando ya estaba montada la seguridad, el enemigo hostilizó la posición con fuego de artillería, carros y armas automáticas con tal intensidad que en pocas horas la Bandera experimentó más de cincuenta bajas, entre ellas la de su Jefe, el Capitán Obeso, muerto por la metralla de una granada.

Si bien la VIII Bandera no posee ninguna Medalla Militar Colectiva, lo cierto es que según lo dicho el día 10 de noviembre de 1936 el Teniente Coronel Tella solicitó de la superioridad la concesión de la Medalla Militar Colectiva a favor de la VIII Bandera de la Legión, que formó parte de su Columna, por su heroica actuación en la conquista del vértice Basurero, próxima al barrio de Usera, en el frente de Madrid. Desgraciadamente no surtió efecto la petición.

En cuanto a la concesión de la Medalla Militar Individual al Teniente D. Inocencio Kadar Sas, más conocido como Teniente Karoly, lo fue por su valerosa actuación en la ocupación de las posiciones situadas entre Boadilla del Monte y Majadahonda, el día 19 de diciembre de 1936. Recordemos que en el avance de las fuerzas nacionales hacia Madrid y con la ocupación de Boadilla del Monte, la Sección del Teniente Karoly hizo frente al contraataque de cuatro carros de combate rusos y a 400 milicianos, que intentaban recobrar las posiciones consiguiendo llegar hasta las mismas alambradas, pero fueron rechazados en lucha cuerpo a cuerpo, sufriendo 20 bajas en la Sección.

Otro famoso de la VIII por su valor lo fue el padre jesuita D. Pedro María Ilundain, Capellán de la Bandera, que el día 7 de enero de 1937 tuvo una la actuación heroica auxiliando y evacuando a heridos en vanguardia de la unidad durante el ataque al Plantío. El día 10 de julio de 1937 caía herido en la defensa del Cerro del Mosquito, durante la batalla de Brunete.

El Comandante D. Daniel Regalado Rodríguez, Jefe de la Bandera fue herido en la toma de Getafe el 5 de noviembre de 1936. Posteriormente, y ya Teniente Coronel habilitado, encontró gloriosa muerte el día 24 de julio de 1937 en la batalla de Brunete. Por O.C. de 30 de agosto de 1937 le fue concedida, a titulo póstumo la Medalla Militar Individual.

El Teniente D. Enrique Balaka Navarro, al mando de la 29 Compañía (hoy 6ª) tras la muerte en combate del Capitán legionario D. Vicente Latre Cresto, fue propuesto para la Medalla Militar Individual por su destacada actuación en la defensa de las posiciones del Parque del Oeste, en el frente de Madrid.

Por último señalar que el Comandante D. Alfonso de Mora y Requejo, Jefe de la Bandera después de la contienda había ganado una Medalla Militar Individual siendo Teniente de la IV Bandera.

De la “Franco”

Según OC. de 18 de junio de 1938 (BO. Nº597) se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando por los servicios prestados en los combates de la ciudad universitaria de Madrid. Asimismo durante la guerra el personal destinado en esta Bandera le fueron concedidas 1801 medallas de campaña, 1736 cruces rojas y 1904 cruces de guerra.

Además se les concedió la Medalla Militar Individual al Teniente D. Jesús Díaz Noriega Pubul, al Alférez D. Amador Rodríguez Colubi, Alférez Capellán D. Hermenegildo Val Hernández, Legionario D. Francisco Torrens Suagi y Legionario D. Juan Redondo Garrido.

Relación Medallas Militares Individuales

Campaña de Marruecos (1920 –27)

Capitán D. Juan Ramírez Domingo (VII Bandera)

Teniente D. Gonzalo de Ceballos Albiach (VII Bandera)

Guerra civil (1936 – 39)

Capitán D. Manuel Sanjurjo Carricarte (VII Bandera)

Capitán D. Jaime Milans del Bosch y Ussía (VII Bandera)

Teniente D. Bernardo Menéndez Pérez (25 Cía. / VII Bandera)

Alférez D. Fernando Cantalapiedra y Fdez. de Toledo (VII Bandera)

Cabo D. Jesús Cameselle Laso (VII Bandera)

Capitán D. Francisco Javier Arbat Gil (VIII Bandera)

Alférez D. Salvador Sironi Piqueras (VIII Bandera)

Alférez D. Juan Bautista Buelga Suarez (VIII Bandera)

Legionario D. Manuel López Romero (VIII Bandera)

Teniente D. Jesús Díaz Noriega Pubul (35 Cía. / IX Bandera)

Alférez D. Amador Rodríguez Colubi (34 Cía. / IX Bandera)

Alférez Capellán D. Hermenegildo Val Hernández (IX Bandera)

Legionario D. Francisco Torrens Suagi (IX Bandera)

Legionario D. Juan Redondo Garrido (35 Cía. / IX Bandera)

ANECDOTAS DE LA GUERRA CIVIL

Cócteles de aguardiente (Fco. Cavero)

Durante la guerra civil, estando en el frente de Madrid la VIII Bandera, inició el traslado hacia el frente de Aragón. Uno de sus camiones se estropeó al descargarse un depósito. Al pedir combustible, el Alférez Provisional Francisco Cavero solicitó unas botellas que los legionarios tenían como cócteles Molotov para su utilización contracarro. Estos intentaron convencer al Alférez de la conveniencia de no malgastar tan preciado líquido como combustible, pues nunca se sabía si podían aparecer carros enemigos y en ese caso quedarían indefensos ante los mismos. Pero el Alférez fue tajante. Después de llenar el depósito y observar que el camión no funcionaba comprobó que lo que realmente acababan de echar al motor era aguardiente que los legionarios llevaban a escondidas en las citadas armas de fabricación casera. (del libro “Con la Segunda Bandera en el frente de Aragón» de Francisco Cavero y Cavero).

Alférez Chincarenko

El Alférez Chincarenko, de origen ruso, decía que había sido Coronel de los Ejércitos del Zar. Durante la guerra civil, a la vuelta de los permisos hablaba de sus impresiones sobre las poblaciones con comentarios como: … Zaragoza, por ejemplo, es una gran población, se come muy bien. Burgos es una población muy deficiente, se come muy mal. Parecida distinción hacía con los legionarios. Cuando en su servicio de ronda nocturna pasaba delante de los centinelas que estaban en el parapeto, si tenían junto a sí al lado las granadas de mano preparadas para ser lanzadas al enemigo, era un legionario ejemplar, cosa que no lo era quien no las tenía dispuestas de tal modo.

Cabe destacar el gran consumo de granadas de mano por parte de la Legión en esta guerra, porque usualmente los legionarios realizaban los asaltos transportando cajas repletas que eran lanzadas con profusión sobre el enemigo y sólo en los momentos finales del asalto se acostumbraba a usar el fusil, y no para disparar sino para combatir a la bayoneta.

El Telefonista (Macía Serrano)

Nos cuenta el General Maciá Serrano como durante el avance por Andalucía en la Guerra Civil, un Cabo de la Legión, que al parecer hacía la guerra por su cuenta, se metió en un pueblo ocupado por el enemigo y se fue directamente al Ayuntamiento. Desorientado al moverse por dentro del edificio, vino a dar con la centralita de teléfonos. Al ver en el cuadro que se encendían y apagaban unas lucecitas y sonaban unos timbres, la pícara curiosidad le llevó a ponerse los auriculares y oír las conversaciones.- ¡Oiga! ¡oiga! ¡urgente! ¡póngame con el gobernador!.

Al Cabo le hizo gracia y enchufó la clavija donde buenamente le pareció. Al momento sonaba un endemoniado ruido. Tranquilamente la sacó de allí y la enchufó en otro lado. La cosa fue a peor. Empezó a sonar un timbre con tal potencia que parecía que los bomberos estaban por llegar. En tanto en el auricular no cesaba de clamar.- ¡Oiga! ¡urgente! ¡con el gobernador civil! ¡urgente! El Cabo legionario empezó a enchufar donde buenamente le parecía y cada vez peor, hasta que oyó por el auricular – “¿Tiene usted miedo? no acierta a darme esa comunicación”- ¿Miedo yo? pero hombre, ¡si soy un Cabo de la Legión!. Fueron tan fulminantes estas palabras que cuando a los pocos minutos entraba la Bandera, el pueblo se rindió sin un solo tiro, pensando que la Legión ya se encontraba dentro ocupando los principales edificios públicos.

Aquí casi nadie: La Legión (Macía Serrano)

Nos cuenta otra anécdota el General Macía Serrano. Cerca de Madrid, cuando se llegó a la posición dominante de aquella cuña que tenía en su despliegue, intentó por todos los medios acabar con la posición. Fueron sitiados y varias veces tiroteados. Algún atacante se debió de dar cuenta del hilo del teléfono y lo conectó. Se cesó el ataque y se pusieron al habla: – “Oiga, oiga, ¿quién es ahí? ríndanse o asaltamos la posición. La volaremos. ¿quién está ahí?”. El Oficial a cargo de la posición respondió entre ingenuo y en jaque. –¿Que quién está aquí? casi nadie al aparato: la Legión. Tuvieron estas palabras más efectos que todas las granadas de mano que se arrojaron. La posición, naturalmente, quedó para la Legión y al Oficial le apodaron desde entonces casi nadie: la Legión. – “A mí es que me gusta arreglar las cuestiones con buenas palabras aunque, eso sí: pocas, pero dichas a tiempo”- decía.

De bautizo en bautizo (Gral. de la Torre)

Tenía mi IX Bandera un Cabo de Gastadores turco llamado Otomano Saladin Ben Sadik, alto, buen mozo y con unos bigotes largos que casi se le unían a sus largas patillas. En el combate era valiente, y con los Oficiales, muy leal; pero jugador empedernido, tenía constantes broncas con sus camaradas, ya que no era limpio en juego. Por eso con frecuencia salían a relucir los puños y los puñales. Notaba que cuando conquistábamos algún pueblo importante, él desaparecería y hacía amistad con las jóvenes de Acción Católica, hasta que nos dimos cuenta de su nuevo juego. Les insinuaba a aquellas señoritas la posibilidad de convertirse al catolicismo, y las pobres conseguían su bautizo con gran alegría, festejando y haciéndole donativos. Cuatro veces, que sepamos, el muy sinvergüenza se bautizó. En uno de los combates, moría bravamente… católico, musulmán o laico, te dedico mi recuerdo y oraciones.

 

Comments are closed.